XXXIII. / Pt. 3

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Tomándose todo el tiempo del mundo para apreciarse, la ropa desapareció por completo.

Lisa tembló al sentir la cálida piel de Jennie contra la suya. Era como si miles de pétalos de rosas la envolvieran.

La abrazó, sintiendo el corazón de la castaña latir como loco contra su pecho. Aunque seguramente el suyo se encontraba igual.

Lujuria.

Con sus sentidos completamente nublados, se fundieron en un beso hambriento, dejando que sus lenguas se unieran en una danza continua.

—Tranquila, Kim —Lisa rompió el beso, sujetando a su novia por las mejillas mientras llenaba sus pulmones de aire— necesito respirar —se burló de su condición.

—Lo siento—.

—No lo hagas —negó, retomando el beso.

Sus manos subían y bajaban, trazando figuras sobre el lienzo de su cuerpo, adorando cada parte de el, hasta que finalmente se aventuraron al sur.

Lisa fue la primera en ver las estrellas y sentir cómo su cuerpo levitaba gracias a la descarada chica sobre ella. Jennie le siguió poco después, aferrándose a sus hombros para asegurarse que aún seguía en la tierra y lo que estaba sintiendo no era un sueño que olvidaría al despertar por la mañana.

Sin ser cantantes, ambas emitieron perfectos falsetes ante tal nivel de placer que sintieron, en la medida que daban y recibían.

El deseo desenfrenado se desvaneció de a poco, dándole paso a una profunda tranquilidad invadiendo su ser.

La castaña se tumbó a un lado de la otra, pasando una mano por su frente mientras ambas observaban el techo de la habitación, como si fuese lo más interesante del mundo en ese momento.

Después de algunos minutos de recuperación, se miraron y el sonido de sus risas inundó las cuatro paredes.

—Eso fue... —Jennie se acomodó de costado, buscando las palabras adecuadas para expresar lo que sentía en ese momento.

—¡La maldita mejor sesión de sexo que he tenido en mi vida! —respondió eufórica. —Bueno, no es como si haya tenido muchas antes —frunció el ceño— pero tú superaste todo lo que conocía —imitó la posición de la castaña. —Te amo—.

Je t'aime mon amour —dijo, sonriendo de la manera más tierna que Lisa haya visto jamás.

—Te ves tan sexy hablando el idioma del amor —se mordió el labio inferior.

—Apuesto a que me veo mejor haciéndotelo—.

—¡Jennie! —golpeó su brazo, sonrojándose. Tomó la cobija y se cubrió con ella.

—No me digas que ahora te pondrás tímida —decidió jugar.

—Eres tan molesta—.

—Y tú tan linda —se cubrió con la cobija y se acercó más a ella, depositando un besito en su nariz. Lisa bostezó después de eso. —¿Tienes sueño?—.

Emitió un sonido de negación y se acurrucó contra Jennie, cerrando los ojos.

—¿Te digo algo? —murmuró.

—¿Qué cosa? —preguntó curiosa.

—El "para siempre" es una mentira, pero tú me haces creer en él. Aún si nuestro "para siempre" durara sólo esta noche, no dudes que te amaré hasta el último de mis latidos —se acomodó la cánula correctamente y se entregó al sueño casi de inmediato.

Jennie se quedó un rato más despierta, acariciando el casi nulo cabello que comenzaba a crecer en la cabeza de su novia y pensando en sus palabras.

¿Por qué de pronto eso sonaba como una despedida?

No. Debía apartar esas ideas de su cabeza. Toda esa situación la estaba volviendo loca.

Je t'appartiens, prends mon corps et mon âme —le susurró al oído antes de unirse a su sueño.

One, Two, I Love You.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora