Inframundo
Narra Perséfone
La mano me tiembla al escribir las últimas palabras, pero ya no hay marcha atrás. Nunca sentí tanta tranquilidad como la que me recorre el cuerpo en estos momentos.
No era lo que tenía en mente, pero es lo correcto.
Dejo la hoja sobre el trono del único hombre al que he amado y doy el ultimo recorrido por el lugar que fue mi hogar por décadas.
Los demonios con los que me cruzo en el trayecto a las puertas rojas me recuerdan quien soy por última vez y me es imposible contener las lágrimas.
Siento una opresión en el pecho, pero sé que lo mejor que pudo hacer por el pequeño ser que crece en mi interior es dejar de lado el inframundo.
Y, sobre todo, alejarme de su padre.
No fue una decisión fácil ya que nadie está listo para abandonar el lugar en el cual ha vivido tanto tiempo, pero era necesario.
Por él y por mí.
No puedo permitir que este bebe tenga el mismo destino que su hermano. Hades amaría a nuestro hijo, no tenía dudas al respecto, pero nunca más que a la ella.
Y eso sería su condena.
Mi pequeño podría reclamar su lugar el día de mañana y por sobre todas las cosas, sé que estará orgulloso de que su madre no se dejara humillar de la manera en la que me está humillando su padre.
¿Amo a Hades?
Si, lo amo con todas mis fuerzas.
¿Soy feliz en el inframundo?
Claro que lo soy, no hay lugar más especial para mí que esté.
Pero más amo a mi hijo.
Me cruzo con el trasportador a quien saludo cordialmente, Anubis siempre ha sido el único que me dio el lugar y el respeto que me merecía.
Luego de un angustiante viaje, el olimpo se levanta ante mis ojos, camino los blancos pasillos hasta el palacio de quien, muy a mi pesar, es lo único que tengo en estos momentos.
Ignoro el hecho de que mi siento sola por primer vez en toda mi vida.
—¡Te estaba esperando! – la voz gruesa del dios de la guerra me hace enderezar la espalda, su presencia aun me genera algo de recelo y terror. —Aunque no pensé que serias capaz de hacerlo.
No puedo evitar recorrerlo con la mirada, lo único que le cubre el cuerpo tonificado son unos pantalones cortos, demostrando que es un ser realmente hermoso.
Lástima que sea tan idiota y arrogante.
—Pues aquí estoy – respondo con simpleza, no tengo ganas de jugar a sus juegos. Por más que quiera evitarlo me es imposible no sentir la tristeza que siento.
—Tranquila, no es para que te alteres – suelta mientras se reí, gracias a todos los dioses se toma la molestia de vestirse. —Debo reunirme con Zeus, estas en tu casa, ubícate donde quieras.
Pasa por mí lado y en cuestión de segundos estoy sola. No es la primera vez que estoy entre estas paredes por lo que llevo mis pocas cosas a la habitación más alejada.
Nadie puede saber que estoy acá, que estamos acá en realidad.
Narra Hades
Bufo mientras Adrish no deja de hablar ya que tendría que estar con mi pequeña diosa en vez de buscar a dos idiotas que se creen que pueden escapar de su condena.
—¿Y? ¿Alguna pista? – pregunto en dirección al hijo de Eros quien niega enseguida.
Los días se están pasando en un abrir y cerrar de ojos aumentando mi mal humor y desesperación, que vuelvan al purgatorio se ha vuelto algo personal.
—¡Déjenme solo! – ordeno mientras reparo el sobre blanco que tengo en las manos. Lo encontré cuando volvimos y no se porque se que no trae nada bueno.
Lo abro cuando me dejan solo y el tiempo se detiene por un instante al darme cuenta de lo que se trata.
"Aún recuerdo el día que nos vimos por primera vez, éramos dos dioses jóvenes. El fuego que se encendió en nuestro interior fue aumentando cada vez que nuestras miradas se encontraban.
No me importaba nada ya que el oscuro de tus ojos valía la pena, vos valías la pena.
Quizás tendría que haberle hecho caso a todos aquellos que dijeron que ibas a destruirme, ya que siempre haces lo mismo con los seres que te rodea.
Me destruiste, en realidad, no solo a mí, también lo hiciste con el sueño que teníamos, también lo hiciste con nuestro amor y también lo hiciste con nuestro hijo.
Y eso es algo que jamás te voy a perdonar.
Hoy hay algo que amo más que reinar a tu lado, no sé si lo vas a intentar, pero siendo el caso no me busques, estoy muerta desde el momento en que leas esto.
No deseo que seas feliz con ella, deseo que la destruyas igual a como lo hiciste con nosotros.
Y que tu amor no te nuble la vista, jamás vas a dejar de ser el malo, jamás vas a dejar de lado el hecho de que sos un ser lleno de oscuridad.
Oscuridad que te va a condenar.
Te ame Hades con todas mis fuerzas, y hoy te odio, te odio con todas mis fuerzas"
Releo el papel una y otra vez sin poder creer lo que mis ojos captan, la angustia me abraza por más que no lo desee, y la culpa viene junto con un golpe de realidad.
Ya que cada una de las palabras escritas son ciertas.
Las piernas se me mueven por si solas y sin notarlo estoy corriendo en dirección a las puertas rojas en búsqueda de una respuesta.
Paso por alto el llamado del sabueso y del primer comandante, solo quiero no llegar tarde.
Sus palabras son golpes, dagas, las cuales se clavan bien dentro desgarrándome, me recrimino lo mal que actúe con la diosa que me ha dado tanto.
No quiero que esto termine de esta manera, no quiero su odio, solo quiero que entienda que el tiempo paso y con el llego el cambio.
—¡Perséfone! ¿Dónde carajos esta? – Anubis me mira desorientado.
—Mi reina salió hace un rato – suelta y ni siquiera espero para escuchar lo que está diciendo.
Dejo el inframundo y voy al único lugar en donde presiento que puede llegar a estar.
El olimpo.
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Zagreo
FantasiaLa guerra dejo solo caos y destrucción. Los años habían pasado y la hija del arcángel seguía desaparecida mientras que el dios del Inframundo movía cielo y tierra para encontrar a su amada. La luna roja marco un ante y un después, una profecía, amor...
