Epílogo

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Los años pasaron rápidamente, así como día a día el dolor dejó de ser tan profundo, los sueños y esperanzas que tuve algún día fueron reemplazados por otros y mi vida continuó. Los primeros meses fueron horribles, tanto así que Santiago cumplió su palabra a Thomas y se fue a vivir conmigo, me apoyó día y noche, en los momentos de crisis, me obligó a comer y a seguir con mis estudios, ese año estuve hospitalizada dos veces y él siempre cumplió su promesa y jamás me dejó sola.

 Poco a poco mis lágrimas él las fue transformando en pequeñas sonrisas, volví a ser la misma de antes, pero con más recelo, con más desconfianza. Luego del funeral de Thomas, pasaron dos días y nació Amparo, la cual hizo honor a su nombre en mí, me devolvió algunas sonrisas. Ignacio a pesar de la gran pena que tenía se refugió en su hija y muchas noches Mey lo encontró contándole historias de su padrino y él,  de cómo se habían conocido y de cómo había sido un gran hombre.

Luego de ello, Mey e Ignacio se casaron, la ceremonia fue sencilla, en la playa donde ellos se conocieron, lloré  toda la ceremonia, fui una de sus madrinas junto con Nicko, la cual me estuvo consolando, me imaginé a Thomas en la ceremonia, desde su posición de padrino, mirándome, haciéndome sonrojar, bromeando y acompañando a nuestros amigos. Luego de la boda, Nicko volvió junto a Alonso al extranjero.

Nuevamente me aislé con mis estudios, el año académico pasó rápido, luego vino Navidad y   el primer aniversario de bodas lo pasé acostada llorando con Santiago consolándome, después año nuevo, en donde decidí asistir a una fiesta de mi madre, la cual se encargó de que me sintiera cómoda, sin embargo para mi cumpleaños la depresión me consumió, comencé a ir a terapias, además de contar con el apoyo de Mey, Ignacio, Gustavo y Nadia.

Estos últimos seguían juntos y tenían planes de seguir por muchísimo tiempo más. Paula y Nadia formaron una buena amistad, se veían seguido  y Constanza creció junto a dos mamás y dos papás.

Para mi tercer año de carrera, me planteé seriamente no seguir estudiando, pero Santiago una vez más estuvo ahí apoyándome e incitándome a salir adelante, y así fue como un día me decidí que tenía que seguir viviendo, que las cosas pasaban por algo y que en realidad Thomas no regresaría, que las lágrimas que derramaba, solo serían lágrimas y no me lo devolverían y que Thomas viviría eternamente en mi corazón.

Finalmente había terminado mi carrera, ya era una enfermera, a mis 29 años ya era jefa de mi propia sección, que era Pediatría, trabajaba en conjunto con Ignacio, el cual se dedicó a esa especialidad y era un médico muy querido por los chicos. Santiago trabajaba también allí, pero estaba en el área de Cardiología y aun vivíamos juntos, por otra parte Nadia, trabajaba parcialmente como Psicóloga en el mismo lugar. Mientras que Mey y Gustavo trabajaban algunas horas en un colegio y el resto del tiempo se dedicaban a sus propios negocios, Mey puso una academia de música y Tavo un gimnasio. Nicko y Alonso vivían en el extranjero, cinco años después de que Thomas falleciera ellos se casaron, se habían instalado con una academia de danza en New York y Nicko recién esperaba a su primer hijo, tenía dos meses.

A pesar de todo lo ocurrido yo seguía en contacto con Soledad y Emil, junto a Santiago el primer año íbamos una vez al mes a verlos, sin embargo nos fuimos distanciando, finamente viéndonos una vez al año, para la misa de aniversario de Thomas. Para ellos me convertí en una hija más, sin embargo Soledad lucía más demacrada y Emil había perdido el brillo de sus ojos.

Hoy nos veríamos con los chicos, se cumplían diez años desde que Thomas había decidido dejarnos, miré mi reloj, faltaban cuarenta minutos para que Santiago pasara a buscarme a mi oficina, ir a casa y luego dirigirnos a casa de los Kapplan. Sin embargo Nadia apareció en mi oficina.

Mi eterno amor de veranoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora