Perdóname, te amo, no te quiero perder... soy un idiota

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Mey, Nicko, Ignacio, Santiago  y Alonso se encontraban en el living, desde donde se escuchaban los gritos de Matilda con Thomas que se encontraban fuera de la casa.

-¿Qué parte del déjame tranquilo no entiendes tú?- gritó Thomas- sinceramente Matilda estoy sintiendo tantas cosas, que da gracias a mis padres por criarme de esta manera, porque no soy capaz de  faltarte el respeto- agregó.

(Silencio)

-Uff…Golpe bajo- dijo Ignacio- debe estar emputecido para decirle eso… Thomas usualmente es centrado y no grita…- Santiago asintió en silencio

-Thomas, por favor escúchame- gritó la chica desesperada- no …

Pero Thomas de nuevo interrumpió- No te quiero escuchar Matilda- dijo él acercándose peligrosamente a ella- entiende… ya no quiero nada contigo… lo que sentía por ti, lo que siento por ti- se corrigió- está basado en tus mentiras, lo siento pero yo ya no te creo nada, creo que te tomaste muy a pecho lo que te dijo tu psiquiatra.-  se escuchó un grito ahogado de Matilda y luego sollozos.

Mierda!, ¡le dijo eso!- habló Mey molesta- ¿Cómo mierda le dice eso?... Sé que no pasó nada con Patrick, es mi amiga, le creo, no mentiría de esa manera, además he visto como ha sufrido todo este proceso.- se paró y comenzó a caminar hacia donde se encontraba la pareja gritándose, los demás no dudaron en ir tras esta.

-Deja de llorar, porque no te creo tus lagrimas- escupió Thomas, esas palabras calaron tan hondo en el corazón de Matilda, quien comenzó a llorar silenciosamente, ahogando gritos y sollozos- es más… hasta me estoy cuestionando seriamente en este instante,  si realmente tú buscaste a Joaquín  y lo sedujiste…

Una bofetada cruzó el rostro de Thomas, cuando el chico volteó a ver quien se trataba, era Mey. Matilda quedó completamente helada.

-¡Mey!- susurró Ignacio.

-No te voy a permitir, que vengas a nuestra casa y le grites a mi amiga, en mi presencia ¿te quedó claro?- dijo apuntando a Thomas con voz firme y severa la chica- no es tu casa y no puedes hacer lo que tú quieras, Matilda lo pasó horrible estas semanas, y soy testigo, además sé que no pasó nada entre ella y Patrick  lo sé, porque ella te ama.

-Yo…yo…- intentó decir Thomas, pero Mey nuevamente lo interrumpió.

-Sé que lo que todos vimos no fue lo más decoroso del mundo, pero no por ello se juzgan las primeras impresiones, segundo- suspiró-  no toleraré que saques el tema de la violación de Matilda y la acuses por algo que no tuvo la culpa… ¿acaso eres idiota?- preguntó con ironía- no me contestes, porque realmente lo eres, a pesar de lo que dijiste, no se nota la educación que te dieron tus padres, no fueron adecuadas.- respiró, pero Nicko tomó la palabra.

-Al igual que Mey, no voy a permitir estas cosas en mi casa, quiero que tomes tus cosas y te largues- todos los presentes sintieron como el estómago se les apretaba- no volverás a herir a Matilda, quizás no la hayas golpeado, pero las palabras duelen más que los golpes…- caminó hasta donde estaba Mey abrazando a Matilda- en cinco minutos te quiero fuera de mi casa- ordenó Nicko- solo podrás volver cuando te sepas comportar- finalizó, poniendo a Thomas en su lugar, se giró para abrazar a la chica quién lloraba desesperada- calma preciosa, no vale la pena- dijo en voz alta y Matilda lloró más fuerte.

-Está bien- susurró Thomas- Chicos, no permitiré  que su fin de semana se arruine, Ignacio ¿me podrías llevar a la estación de trenes?, quizás haya alguno esta noche directo.

Mi eterno amor de veranoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora