Exs-plicaciones

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Ya era de madrugada y en pocas horas iba a amanecer, blancos copos de nieve caían tapizando por completo aquella cabaña, en donde solo las velas y el fuego habían sido testigos de lo que acababa de ocurrir, una pareja cubierta por solo una manta, descansaba sobre la alfombra, mientras sus respiraciones volvían a la normalidad.

-Thomas- susurró Matilda- ¿recuerdas que me dijiste que no deberías casarnos por un papel y que lo podríamos hacer simbólicamente?

-Si- contestó acariciándole el cabello a Matilda- aun pienso así, sé que es un paso importante y me gustaría hacerlo con nuestras familias juntas y algo sencillo, pero creo que no necesitamos un papel- suspiró-¿Porqué preguntas preciosa?.

-Porqué quiero casarme contigo- dijo ella levantándose y mirando a Thomas fijamente- hoy más que nunca reafirmo lo que siento, te amo con mi vida y si tuviera que darla por ti, lo haría.

-Entonces hagamos el casamiento simbólico, cuando regresemos de estas vacaciones lo organizamos- contestó el con una sonrisa y se acercó a besar a su novia- te amo preciosa, yo también mi vida. Al finalizar el beso, el chico cogió en brazos a su novia y la llevó a la recamara- me gustaría seguir haciéndote el amor una y otra y otra vez, sin embargo debemos dormir- susurró.

-Lo sé mi vida- contestó ella con los ojos cerrados- te amo precioso- buscó la boca del chico y lo besó, se acurrucó contra él, así ambos desnudos y amándose, se entregaron a los brazos de Morfeo.

Rápidamente llegó el día, un sueño invadía a Mey, ella  intentaba abrir sus ojos, pero era una misión casi imposible, su sueño era más fuerte y la pesadilla que estaba teniendo también

Mey abrió la puerta y vio a quien menos esperaba ver...

-Hola, tu debes ser Mey, yo soy...

-Si, sé quien eres, pero ¿qué haces aquí?

-Necesitamos conversar- habló una voz masculina- los tres.

-Ignacio, no creo...

-Maryorie, ella es Alice y ella y yo estamos juntos, y queremos que ese hijo que tu llevas, sea nuestro...- miraba a Alice y se besan en frente de ella”.

-¡No...no...no!-despertó agitada, bajó de la cama y como pudo llegó hasta el primer piso, llegó a la cocina y sacó del congelador dos bolsitas de té congeladas, Matilda siempre las tenía ahí contra las ojeras e hinchazón de los ojos.

-Espero que tengas razón acerca de esto Mati- dijo en voz alta Mey, colocándose ambas bolsas en sus ojos, al cabo de cinco minutos, los grandes ojos habían disminuido y podía abrir con facilidad los párpados, un sonido proveniente de su estómago la hizo recordad que el día anterior no había cenado y que  debía cuidarse, pues. Ahora no era solo ella... ahora eran dos.

Cogió una caja con cereal, lo vertió sobre un bol y luego le agregó la leche, rápidamente comenzó a comer, más tarde se dio un baño de tina y evitó pensar en Ignacio, aunque se le hacía complicado, por lo menos lo intentaba. 

 Compuso dos canciones, estudió algo de música clásica y tocó un par de canciones, cuando un sonido extraño en su patio la hizo bajar y ver quien era. Mey abrió la puerta y vio a quien más quería ver, pero a su vez no.

-Hola- susurró él

-Hola-saludó ella- pero ¿qué haces aquí?

-Necesito que me escuches, sé que no soy el más afinado del mundo, pero quiero que me escuches- habló Ignacio, corrió rápidamente a su auto y puso una melodía de fondo y comenzó a cantar.

Mi eterno amor de veranoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora