No quiero saber nada de...

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Nicko lloraba como Magdalena mientras la pobre dependienta trataba de controlarla, las lágrimas escurrían de manera escandalosa y los sollozos poco a poco iban adquiriendo más fuerza. La chica de la tienda recogía cada pañuelo con mocos que era desechado en el pulcro piso del local.

-Él me lo propuso y no fui capaz de decirle nada- sorbete de mocos- soy tan estúpida- miró a la dependienta- Soy una estúpida de las grandes ¿no?, estoy segura que jamás- sollozo- en su vida, había visto- sorbete- un chico proponiéndole matrimonio a su novia en una tienda de vestidos.

-Señorita...- intentaba hablar ella- si desea le traigo un café, agüita con azúcar, un jugo... ¿un trago?

Nicko no contestaba más sollozos y lamentaciones inundaban la tienda, poco a poco a compostura volvió a ella, se levantó, limpió su nariz una vez más y se dirigió a la dependienta.

-Discúlpame por todo el show que monté- habló tratando de contener emociones- no todos los días tu novio te pide matrimonio... y pues...- iba a comenzar a llorar nuevamente.

-Tranquila, yo que tu me voy a casa, cojo una botella de vino y me doy un baño relajante, luego preparo algo rico para comer o quizás algo de beber y lo espero.-aconsejó- sé que vives con él, lo escuché- agregó- pero creo que en algún momento tendrá que ir aun que sea a buscar sus cosas ¿no?

-Si, tienes razón- dijo Nicko limpiándose las ultimas lágrimas que caían por su rostro- gracias- la abrazó- lamento todo esto y volveré- sonrió tímidamente- para comprar el vestido y para contarte que pasó.

La dependienta sonrió- aquí estaré señorita- sonrió y le devolvió el abrazo- nos vemos, ánimo y éxito.

Nicko salió rápidamente usando unos lentes oscuros, corrió al metro subió y esperó, faltaban 6 estaciones para llegar a su casa.

Por otra parte la dependienta comenzó a arreglar los vestidos, colgarlos, alisarlos y barrer la tienda cuando un chico agitado llegó.

-Oh, ¡Dios mío!, es el chico de la proposición- dijo ella entusiasmada- ¡volvió!

-Claro que volví- dijo sonriente y mostrando una cajita roja en su mano- ¿mi novia?- preguntó- estoy seguro que se está probando algún vestido.

-La verdad... es que... su novia...- titubeó- se fue.

-Pero, ¿como?, ella... ¿no me esperó?- preguntó Alonso visiblemente afectado.

-Si, ella estuvo acá un buen rato, lloró muchísimo- contó la chica- decía que era una estúpida por no responder de inmediato, y luego de un rato se marchó, le sugerí que fuera a su casa y se relajara.

-Gracias, iré por ella- sonrió- descuide volveremos por los trajes- se giró y salió corriendo.

-¡Qué locura esos dos!- habló la dependienta en solitario- pero harán una excelente pareja.

Mientras Mey seguía sumida en sus silencios, Ignacio había decidido salir a comprar algunas cosas para hacer la cena de esa noche, la chica pensaba tantas cosas, de como en un segundo su felicidad extrema se había ido por el caño, muchas preguntas surgían desde su cabeza... ¿hace cuanto fueron novios? ¿Hace cuanto se ven? ¿Por qué terminaron? ¿Cuantas veces se han visto? ¿Ha pasado algo entre ellos, después de terminar?...

Caminó rápidamente a su habitación, cogió un cigarro-¡¡¡ Mierda!!! ¡ya no puedo fumar!- se acarició su vientre aun plano- Bebé, sé que estás ahí pequeñín, hace pocas horas he sabido de tu existencia y mi vida ya ha dado dos vuelcos enormes-caminó hacia la cama y se recostó, continuó tocando la zona en donde se desarrollaría su bebé- eres y serás lo que más ame en esta vida- en ese instante algo vibró a su lado, tan ensimismada se encontraba que no se había percatado que era el teléfono de Ignacio.- un mensaje- susurró mirando la pantalla, la duda la carcomía, definitivamente Ignacio había creado una barrera de desconfianza, deslizó su dedo por la pantalla y vio el mensaje.

Mi eterno amor de veranoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora