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—Si estamos hablando ahora mismo es porque ya has conseguido mínimo una carta. ¿Solo tienes esa?

Alisa asintió, pero no pareció comprender su lógica. Quizá era porque ella no estaba tan familiarizada con aquel sistema, pero no tenía ni idea de cómo él sabía que ya tenía una carta a su disposición. El muchacho pareció ver la confusión en sus ojos. Carraspeó antes de hablar.

—Todos están obligados a jugar una primera prueba nada más recibir la carta de admisión al listado de prófugos del gobierno. De esta forma todo el mundo está en igualdad de condiciones al empezar y nadie tiene tiempo extra para prepararse —Alisa empezó a comprender. No había sido la única, todos pasaban por lo mismo, aunque cada uno vivía cosas distintas—. Los fuertes y astutos aguantan y los demás quedan... eliminados. Ya me entiendes. Se sigue ese protocolo para hacer algo de criba, aunque suele pasarla mucha más gente de la que te puedas imaginar.

Había visto muchas cartas esparcidas por todo el país aquel día en el televisor, por lo que suponía que habría muchos criminales en una situación similar a la suya y los organizadores de aquello al menos parecían dar suficientes oportunidades a todos. Aquello la hacía ver que había mucha más gente implicada en ello de lo que esperaba. Lo suyo había sido un error, pero le sorprendía que hubiese tantas personas que delinquiesen con un sistema penal como aquel.

Alisa se sintió tentada a explicarle a Harkan lo que tuvo que hacer ella, pero hablar de ello implicaba mencionar al hombre del sótano. No estaba segura de si el soldado querría seguir ayudándola después de saber que había matado a una persona, a pesar de haber sido en defensa propia. Tampoco de si debería contárselo tan a la ligera.

—No tienes que tener miedo —continuó el muchacho inclinando la cabeza hacia un lado mientras la observaba—. Iremos juntos con calma y si ocurriese algo yo estaré a tu lado. Sigo siendo un soldado.

Alisa no se había dado cuenta de que había empezado a toquetearse las uñas de las manos. Aquello denotaba el nerviosismo que iba creciendo en su interior. Harkan se dio cuenta de ello e intentó hablar lo más suave posible, a pesar de ser algo que no hacía nunca y le costaba. Si se dejaba controlar por la inquietud demasiado, no llegarían a ningún lado.

—Y si no lo consiguiésemos hoy no pasa nada. Por esto mismo prefiero que lo hagamos cuanto antes. Siempre tendremos más días para intentarlo, así que no te ofusques —añadió.

Alisa intentó sonreírle en agradecimiento, aunque la sonrisa se notó algo tensa.

—De acuerdo —le contestó, respirando profundamente. Se apartó los bucles oscuros del rostro.

—Aun así tienes que tener mentalidad de ganadora. Puede que en otro momento no dispongamos de tiempo suficiente para tomárnoslo con calma, nunca se sabe lo que podría pasar, así que siempre ve con la intención de ganar.

La chica asintió enérgicamente, enderezándose en el sofá, como si aquello pudiese mostrar su convicción. Harkan hizo lo mismo, se irguió en la silla, apoyando de nuevo la espalda en el respaldo. En comparación con ella, él era un experto en el tema. Todo soldado del ejército de corazones debía saber lo suficiente sobre aquello, sobre todo él, que pertenecía a una división superior a la del resto. En la central a aquellas pruebas las llamaban "Las fleishades ", que hacían referencia a Fleishán, antiguo demonio de la redención de la mitología vaystiana que juzgaba a los pecadores el día de su muerte. Harkan sabía que aquel nombre no había llegado nunca a la población civil, sino que se había extendido solo entre los altos cargos desde el día de su creación. No sabía si quiera cómo lo llamaba la gente común, pero la mayoría prefería no mencionar aquel asunto, como si fuese tabú. Si hablaban de ello, lo hacían a escondidas.

Rey de corazonesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora