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«Nuevos disturbios en la frontera con Vaystin del distrito de la pica despiertan el nerviosismo entre los ciudadanos. Los insurgentes siguen traspasando los límites del país en busca de pelea, destruyendo mobiliario e intentando hacerse con algunas viviendas, mientras que en su país no reciben ningún tipo de castigo. El gobierno de Vaystin no se ha pronunciado en ningún momento, y seguimos sin noticias de Su Majestad...».

Ciro agarró el mando a distancia y cambió el canal de televisión. Alisa le echó una mirada reprobatoria, pero al niño no pareció importarle en absoluto. La muchacha sentía que llevaba semanas desconectada del mundo. Apenas sabía lo que estaba pasando en Veltimonde en aquellos días. Había tenido suficiente con preocuparse de su propia vida, por lo que ni siquiera había pensado en dedicarle unos minutos de atención al mundo exterior. 

Tras oír aquello, descubrió que el reino se estaba poniendo poco a poco patas arriba, tal como había sucedido con su propia existencia. Los problemas parecían ir en aumento. Que estuviesen sucediendo reyertas inesperadas con ciudadanos vaystianos no auguraba nada bueno. Los veinte años de paz no podían empezar a tambalearse ahora. 

Alisa se echó hacia atrás en el sofá de piel blanco. Ya llevaban unos días en Kheles, la capital de Veltimonde. Desde la ventana podía ver la enorme estructura del palacio real, que era tan grande y amplio que sus murallas se perdían entre los edificios. Echaba de menos el sonido del oleaje en la oreja al despertar, aunque debía de decir que la capital era mil veces mejor de lo que había sido Ugathe y su ciudad de puentes y rascacielos. 

Era un lugar de ensueño. Harkan los había llevado el día de antes a dar un paseo para que pudiesen admirar la célebre ciudad con sus propios ojos, y la primera vez que pudo presenciar las maravillas de Kheles, sintió que de verdad estaba viviendo en un cuento.

En su inesperado paseo, lo primero que pudo ver fue una plaza cuyo suelo estaba pintado por completo de cuadrados negros y blancos, simulando un enorme tablero de ajedrez. A los lados había unas pequeñas graderías, y algunas personas presenciaban una partida de ajedrez en vivo. Sin embargo, Alisa jamás había visto a nadie jugar de aquella forma. No había dos únicos jugadores, sino que había dos equipos, y las personas que participaban llevaban trajes que representaban cada una de las figuras del famoso juego. Así pues, la partida era a escala real, y los jugadores se iban moviendo según la estrategia grupal. Los espectadores presenciaban expectantes la partida desde sus asientos.

Mientras pasaban de largo, Alisa lo encontró curioso y divertido, pero no supo que no sería la única cosa llamativa que encontraría en la capital. Bordeando los edificios cercanos al palacio, caminaron hacia algún lugar que Harkan quería mostrarles, pero del que no quería soltar prenda. No tardaron en encontrarse con un río que provocó que los ojos de la muchacha se abriesen de par en par, sorprendidos.

Se trataba del Río del Té Rojo, o así le había dicho el soldado que lo llamaban los residentes. Era un amplio río que pasaba junto a palacio y se perdía en la infinidad de la grandiosa ciudad. Lo curioso era el color de sus aguas, que estaban tintadas de un rojo brillante. A Alisa le recordó a la sangre. El soldado no le explicó el origen de aquella extraña coloración y la muchacha no preguntó. En el canal, había algún pequeño bote para poder pasear río arriba, guiados por un barquero. Pese a la impactante imagen inicial, a Alisa le dieron ganas de tocar el agua con los dedos y probar unas gotas, para ver si en realidad se trataba de té rojo, como decía su nombre.

Usaron uno de los muchos puentes de cristal diseminados a lo largo del canal para cruzar al otro lado y así alejarse un poco de palacio. A Alisa le impresionó lo trasparente que era el puente y la sensación que dejaba al caminar sobre él, pudiendo ver el agua correr debajo. Era como caminar sobre el aire. El cristal estaba pulido y limpio, sin ralladura alguna. 

Rey de corazonesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora