Por un segundo, a Alisa se le paró el corazón. Notó la sangre subirle a la cara de forma repentina y sintió que las orejas se le ponían rojas, al igual que las mejillas. Aun así, la sensación duró eso, tan solo unos segundos.
Harkan se mantuvo observándola desde arriba con la misma expresión, como si acabase de decir algo totalmente normal, como cuando uno dice que tiene hambre. Con ese comentario, aunque fuese una estupidez, ella había sentido algo en el estómago, pero allí estaba él, como si aquellas palabras no tuviesen nada de importancia y no acabasen de salir de su boca. Podría haber sido una broma, un comentario sin relevancia para aligerar el ambiente, aunque a Alisa no le parecía normal viniendo de una persona como él, que parecía no ser el mejor cómico del mundo. No entendía con qué intención le había dicho aquello, por lo que optó por ignorar el comentario.
Aun así, seguían bastante cerca el uno del otro, y aquello no ayudaba con el rubor repentino que había decidido subir a sus mejillas. Alisa bajó de inmediato la cabeza, rompiendo el contacto visual que tanto había intentado mantener para que no pudiera ver su cara.
Entonces, el dedo que antes había estado en su pecho apareció de nuevo. El soldado lo puso en su frente, alzándola, y antes de que ella pudiese si quiera cuestionar lo que el muchacho pretendía hacer hizo fuerza con el índice, empujándola ligeramente hacia atrás y alejándola, aumentando la distancia entre los dos.
—Vámonos antes de que venga alguien y nos descubran por tu culpa —se limitó a decir.
Le dio la espalda, empezando a andar calle abajo con las manos metidas en los bolsillos de la sudadera gris y la gorra calada hasta los ojos. Alisa se quedó algo descolocada, pero no tardó mucho en seguirlo. Pese a sus palabras, no parecía haberlo dicho enfadado. Su tono había sido natural, igual al que usaba siempre que hablaba. Alisa no le vio la cara mientras andaba tras él, pero a su alrededor sintió un aura tranquila. Cuando estuvo algo más cerca y pudo verle un poco un lado del rostro, su expresión era relajada. Parecía satisfecho.
Corrió un poco hasta ponerse a su altura y caminó a su lado en silencio. El único sonido audible en aquel lugar era el de sus pasos contra el viejo asfalto mientras caminaban y el canto de algún que otro grillo. Alisa lo observó de reojo. Se había enfadado con él por quitarle el teléfono, sí. Había sentido una ola de indignación subiéndole por la sien. Pero, de alguna forma, después de aquel comentario se le había olvidado. En un momento ayudó a relajar un poco la creciente tensión que había aparecido entre ellos, cosa que acabó agradeciendo al final.
Caminaron juntos, ya más cómoda con él. Aún no había desaparecido del todo el mal cuerpo que le había entrado en el piso, y la mezcla de emociones parecía haber consumido toda su energía. Cada uno de sus pasos pesaba el doble de lo normal. Estaba cansada. Atravesaron lo que parecían unos polígonos industriales vacíos, sin ningún atisbo de maquinaria, y observó la oscuridad que les rodeaba. Allí no había farolas que iluminasen el lugar, simplemente estaban ellos, la luz de la luna y su calor corporal, que les recordaba la presencia del otro.
Pese a la insistencia en irse del soldado, no corrieron más. Anduvieron sin prisas, casi como si estuviesen dando un paseo, sin ninguna alma cerca. Solo ellos dos. Con aquel ritmo llegaron al coche y se montaron en él. Alisa tenía ganas de dormir, pero no cerró los ojos en ningún momento del trayecto. Pasó el tiempo viendo al muchacho conducir, sin decir una sola palabra. Examinó la forma en que sus manos aferraban el volante, apretándolo de vez en cuando. Su mirada viajó a su cuello y mandíbula hasta llegar a sus ojos, que se mantenían fijos en la carretera y los retrovisores. Cuando la luz de alguna farola los tocaba al pasar, se podía ver ese color único que los caracterizaba. Pensó que aquellos orbes tormentosos no habrían podido ser de otra manera, parecían reflejar a la perfección un cachito de su personalidad.
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Rey de corazones
FantasyVeltimonde; un reino de ensueño para muchos, pero un infierno para otros. La regulación de crímenes por parte del ejército de corazones y su reina es tan estricta que para muchos el simple hecho de seguir viviendo es pecar. Alisa lo intentará todo...
