-Perdona por agobiarte-dije-No puedo imaginar lo mal que debes estar pasándolo ahora mismo, pero tampoco merezco que me hables mal ni me grites, porque yo no tengo la culpa de na...-me cortó sujetando mi cara y besándome. No reaccioné al principio, por lo que se separó y me miró a los ojos
-No quiero hablar ahora mismo Claudia, dame espacio por favor
-Me da igual Pablo, las cosas se hablan en familia, joder, no podemos estar así
Dio un golpe en la mesa enfadado y cómo pudo se levantó y se fue dirección al cuarto de invitados, que estaba al lado del que compartíamos.
Me quedé en el salón viendo como se iba sin hacer nada. Sabía que todo movimiento por mi parte en aquel momento iba a ser rechazado, y no merecía tampoco eso.
Suspiré y me fui directa a nuestro cuarto, en el que ahora estaba sola con los bebés. Me puse el pijama y me tumbé en la cama, teniéndolos a ambos a mi lado, pero sin Pablo. Puse la barra en el lado de mi pareja con una fila de cojines para que no hubiera ningún problema y me fui a dormir.
Desperté notando una presencia cerca. Abrí los ojos y noté como Pablo estaba viendo a los niños sentado en el borde de la cama. Llevaba la misma ropa que esa misma tarde, por lo que suponía que no había dormido nada. Me miró, nos miramos. Ninguno dijo nada. Él se aseguró de que los niños dormían y abandonó el colchón y la habitación segundos después.
No me dijo nada, apenas me miró durante dos segundos. Suspiré y solté una lágrima que llevaba toda la tarde deseando salir, y ya no pude contenerla más.
A la mañana siguiente, un olor a algo dulce me hizo despertar. Miré a los bebés y seguían durmiendo plácidamente. Era posiblemente la primera noche que dormían del tirón.
Los dejé ahí y coloqué la misma barrera de mi lado de la cama, mientras cogía la pantalla en la que se reflejaba lo que hacían los bebés. Fui hacia la cocina y vi a Pablo cocinando apoyado en la muleta que el día anterior le habían dado para ayudarse los primeros días.
Me quedé apoyada en la puerta viendo que hacía, lo que a distancia parecían unas tostadas con algo de chocolate. No estaba entendiendo nada. De pronto se dio la vuelta y me vio. Sonrió, y ahí vi otra vez al Pablo de siempre, el de los ojos brillantes, con el que disfrutaba la vida.
-Buenos días-vino hacia mi ayudándose de la muleta y me dio un beso en la mejilla que me dejó más confundida que nunca. ¿Había soñado lo del día anterior? No, estaba segura de que no.
-Buenos días-respondí seca
-Ven, vamos a desayunar, luego hablamos tranquilos, ¿vale?-besó mi frente esta vez y sujetó mi mano
Me llevó a la mesa y le ayudé a servir todo mientras él se sentaba, al final estaba lesionado y no quería que por mi culpa estuviera peor. Desayunamos en silencio, yo miraba el plato y él me miraba a mi sin decir nada. No sabía si tenía ganas de hablar con él, la verdad, me dolió que me tratara así y no fuera capaz de decirme nada.
Cuando se dio cuenta de que ya había terminado, se levantó, cogió mi plato y el suyo y los llevó a la pila. Yo seguía sentada, sin saber bien que hacer. De pronto me abrazó por detrás
-Perdóname por ser un estúpido-dijo de pronto. No respondí.-Merezco tu indiferencia, lo sé, pero por favor, perdóname, porque no puedo estar así contigo. Soy un gilipollas por tratarte así ayer, no tenías la culpa de nada, pero estaba en shock por lo que había pasado. No quiero justificarme con esto, de verdad
-Entiendo que estabas mal por lo que había pasado, yo también lo estaba, pero no merecía que me trataras mal, y lo hiciste, como siempre pagas tus problemas conmigo.
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Volver a ti
Romance¿En qué momento Claudia decidió mudarse a Barcelona persiguiendo su sueño? Es algo que ella aún se pregunta. A veces la vida tiene planes para nosotros que, nunca habríamos imaginado. Claudia Fernández es una chica de 21 años, nacida y criada en Sit...
