29. Ya puedes empezar a hablar.

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El viaje de vuelta a Barcelona fue de las peores cosas que yo había experimentado en mi vida sin ninguna duda, entre que iba bastante cabreada con Max, que Aurora tampoco quería ni mirarle y yo estaba bastante mareada por el viaje en sí, estaba deseando ya bajarme del maldito tren y abrazar a mi novio. 

Mi deseo se cumplió, pronto el tren paró en la estación y bajamos, ahí me empecé a encontrar algo mejor. Yo iba buscando a Gavi, quien dijo que estaría allí para recogernos a Aurora y a mi. Pronto le visualicé entre varios fans que le pedían autógrafos. Siempre se me olvidaba el pequeño detalle de que más de 15 millones de personas seguían a mi novio, y que por suerte o por desgracia, era bastante fácil de reconocerle entre la gente. Reí pensándolo y pronto vino hacia nosotras. 

Creo que no lo pensó mucho cuando vino hacia nosotros y se lanzó a besarme, yo le seguí el beso, por mucha vergüenza que me diera que nos viera todo el mundo, le había echado de menos y estaba deseando ese beso, al igual que él por lo visto.

-Te voy a matar-le susurré riendo y apoyé la cabeza en su pecho en modo de protección. 

-Perdona amor, no creo que pudiera aguantar mucho más tiempo-rió también.

-Te lo perdono porque yo también lo quería-le abracé. Fue hacia su hermana también.

-Ahora sí, ¿no?-rió ella-Anda, anda tortolitos, iros a casa ya que se os ve venir, Javi está llegando-dijo ella. 

Cuando vimos a su novio, le saludamos y nos separamos y fuimos al coche de Pablo, quien me llevaba agarrada de la mano y yo sonreía mirándole. Una vez en el coche, le volví a besar suave.

-Te he echado un montón de menos-dije con mi mano en su cara.

-Yo más mi amor-volvió a besarme.-Ahora vamos a casa que tengo muchas ganas de estar contigo a solas-levantó las cejas

-Que cerdo eres-dije riendo

-La cerda eres tú, que has malpensado todo-estallamos en carcajadas. Estos eran los mejores momentos con él, la tranquilidad, la risa y la complicidad que teníamos. Por un segundo olvidé que tenía que contarle lo que había pasado el día anterior, y por un momento tuve miedo, miedo de que todo cambiara, que él no lo entendiera, pero no podía ni quería callarlo y ocultárselo. 

Cuando llegamos a su casa, ambos nos cambiamos y nos pusimos más cómodos, pensábamos estar todo el día tumbados en su cama abrazados, así es que mejor en pijama que con unos vaqueros. 

-¿Cómo estás?-dijo-¿Has vuelto a vomitar o algo?

-No, nada, estoy bien, solo me mareé un poco en el tren, pero nada preocupante-dije tocando su brazo y pasando mi dedo por él.

-Siempre dices lo mismo Claudia-me separó un poco y me miró-Yo creo que no es muy normal, mira la última vez. 

-No Pablo, de verdad, nada que ver con la última vez, este mareo era simplemente por el viaje en sí, fue un segundo y se fue, no quiero preocuparte con eso, porque no se parece en nada a como me encontraba cuando estuve enferma. 

-Bueno, pero el lunes igualmente vamos al médico, yo quiero ir contigo y que te hagan un análisis para comprobar que todo está bien, ¿vale?-dijo serio.

-Lo vamos viendo el fin de semana Pablo, ahora no quiero hablar de eso, solo quiero que me abraces-al momento volví a sentir sus brazos rodearme suave, y yo respiré tranquila. Sabía que ese era el momento de decirlo todo, pero estaba cagada de miedo-Amor-dije.

-Dime Clau

-Quiero contarte algo-me senté en la cama, él hizo lo mismo y me miró-Pero para ello tienes que prometerme que vas a estar tranquilo, confiar en mi, dejarme hablar y no te vas a enfadar.

Volver a tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora