—En la actualidad —dijo la profesora Julia— la extensión territorial de esta civilización está en decadencia debido al desequilibrio ecológico.
—¿Eso no es de Biología? —susurró Augusto.
—Es igual —respondió Israel de manera vaga.
—¿Por qué no vino tu mamá? ¿Los golpes no le permitieron ponerse de pie?
—Cállate, no es por eso; Philip se resfrió.
Augusto ahogó una carcajada.
—Tú crees que soy inocente, no? A mí no puedes mentirme, hermanito.
—¿Por qué…?
—Oye, Ray y yo iremos al billar después de clases, dile a tu padre que estudiaremos, y aprovechas para fumarte un cigarro, o dos, ahora que ya no puedes hacerlo en casa.
Israel lo miró unos segundos, pero bajó la mirada en silencio.
—Sí, le avisaré en el descanso —respondió sin mirarlo.
La clase acabó, y se dirigieron al salón de Matemáticas, donde Vicente, sentado en el escritorio, hablaba con un alumno.
—¿Quién es él? —preguntó Augusto.
El alumno frente a Vicente era un muchacho alegre, se le notaba no sólo por su sonrisa, también por su mirada brillante. Vestía un pantalón flojo, una camisa abotonada de cuadros con colores cálidos sin fajar. Tenis blancos y rojos, y una pulsera hecha de cáñamo y chapas de latas de refresco.
—Israel, —dijo Vicente levantándose, y su hijo y Augusto se acercaron. Ambos eran de mirada seria, la única diferencia era la sonrisa cínica de Augusto— él es un alumno nuevo,…
—Evidentemente —interrumpió Augusto mordaz.
—…y necesito que le ayudes a ponerse al corriente.
—Sí, profesor —respondió el muchacho.
—Hola —dijo el nuevo, y a su alrededor todo pareció iluminarse—, me llamo Ismael Remarque.
—Que lindo —sonrió con sarcasmo Augusto—, sus nombres riman.
—Cállate —farfulló Israel.
—Vayan a sentarse —finalizó Vicente mientras los demás alumnos entraban, tomando su lugar. Ismael se sentó del lado izquierdo de Israel.
—Me gustan mucho las matemáticas —dijo Ismael—, y el maestro es muy amable, me agrada mucho, ¿a ti te agrada?
—Sí —respondió Israel con aburrimiento.
—Me gusta mucho la Biología, y Literatura, cuando vaya a la Universidad, estudiaré Letras, y seré escritor…
—Me parece bien que tengas un plan de vida, pero quiero que cierres esa boca tuya, quiero escuchar la clase.
—Claro, como digas.
Isma se quedó callado, abrió su libro y su cuaderno, mirando al frente. Vicente le cerró la puerta en la cara a dos chicos que llegaron tarde, y comenzó a escribir en el pizarrón blanco con un plumón verde.
—Profesor —dijo Isma en voz alta, sin importarle que todos lo miraran, además del profesor.
—Dime, Remarque —habló Vicente como si estuviese con un niño pequeño.
—Me gusta el color verde.
Todos rieron, aunque eso sólo pareció hacer más feliz al chico.
—Gracias por la información inútil, ahora, en silencio, y limítese a aprender.
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Philip
Ficción GeneralPhilip es un profesor de Literatura, casado con Vicente, un profesor de Matemáticas. Parece tener una vida idílica con su marido, pero la verdad es que Vicente lo golpea a la mínima provocación. Y de esto sólo el hijo de Vicente, Israel, es testigo...
