"En un mundo de magia y misterios, el amor puede ser un refugio... o la tormenta que desata la guerra.
La sangre dorada en el suelo es solo el comienzo; en Aethel, cada lágrima derramada forjará el futuro de un ser mágico."
Creía haber amado a aquel hombre que me había salvado de vivir atrapada tras unas rejas oxidadas para siempre.
Que me había mostrado el cielo lleno de estrellas y dicho que ni la luna brillaba tanto como el color de mis ojos. Pero luego las ilusiones envueltas en mentiras que me había regalado comenzaron a adquirir el tono más oscuro de la verdad.
Había comenzado a llenar mi cuerpo de cicatrices y heridas provocadas por los latigazos que él me daba.
Pero me lo merecía, debía mantenerme callada y con la cabeza baja siempre.
Esa era la versión del amor que me habían vendido, pero cuando él llegó, cuando me miró a los ojos y el celeste que adornaba sus ojos me invitó a creer en un mundo nuevo, me di cuenta de que merecía más que aquella vida que había llevado hasta ese momento.
Porque Raden jamás me ayudó a escapar de aquella celda, yo lo había hecho por mí misma.
Porque estaba cansada de vivir esperando a que alguien más decidiera mi futuro. Si había podido escapar de aquel lugar que había sido mi hogar durante ocho largos años, podía escaparme de las garras de un hombre egoísta que decía amarme.
Por eso, cuando él me prometió cuidarme y sacarme de aquella bonita jaula envuelta en oro, accedí, aún sabiendo que aquello implicaría dejar a Raden, el hombre al que había creído amar con cada latido de mi corazón.
Y esta vez, mi historia había tenido un desarrollo diferente. Ojalá hubiera sido feliz durante más tiempo.
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En cuanto tuve el colgante entre mis manos, sentí el alivio recorrer mi cuerpo. Me sentía cansada por el exhaustivo uso de magia que había tenido anteriormente como pago a la bruja por mi collar.
Ella entró en la vieja cabaña y después de algunos minutos salió con un vestido más acorde a su nuevo aspecto. Tomó asiento a mi lado y comenzó a decir:
-Permancí en este lugar por mucho tiempo, Verena.
-¿La maldición también te ataba a aquí?
-No, en este bosque viven las almas de todas las brujas que han muerto protegiendo el tratado entre ambos mundos. -aseguró. -Gracias a ellas, pude continuar haciendo uso de una pequeña porción de mi magia.
-¿Cómo sabías tanto sobre mí? -inquirí.
-Mi poder me permite saber sobre muchas cosas, niña. -contestó.
-Entiendo. -asentí. -Debo volver, Ford se debe estar preguntando dónde me encuentro.
-Ten cuidado, y recuerda, la pasión es el fuego eterno capaz de alumbrar la noche más oscura.
No había entendido aquello, pero tampoco le había tomado importancia. Guardé el colgante en mi bolsillo y llamé a Ebony.
A través de un portal creado por la pantera, entré directo a mi habitación desde el bosque. Guardé el colgante en el mismo lugar en el que había dejado el otro y tomé un baño.