"En un mundo de magia y misterios, el amor puede ser un refugio... o la tormenta que desata la guerra.
La sangre dorada en el suelo es solo el comienzo; en Aethel, cada lágrima derramada forjará el futuro de un ser mágico."
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Sentía cada una de mis extremidades entumecidas, mi cuerpo era incapaz de realizar algún movimiento y mi cabeza parecía no poder parar de dar vueltas. Un ligero escozor se extendía por la parte izquierda de mi cuello y llegaba hasta la punta de mis dedos de esa misma mano. Tenía la garganta seca y un ardor molesto en la pierna derecha.
Me tomó algunos minutos poder abrir mis ojos y cuando lo hice, una oscuridad tremenda me saludó con alegría. Exhalé con pesadez, intentando que mis músculos se relajaran mediante aquella simple acción, pero, no tuve éxito. Sentía mis manos y piernas atadas a la incómoda silla en la que estaba sentado.
Sabía que Ford había hecho esto, solo me había bastado con ver el nerviosismo en el cuerpo de Ignis y el temor que había en sus ojos, para saber que el rey de Arcania el responsable de mi actual estado. Él no era tonto, pues sentía a la perfección la cantidad enorme de magia líquida que envolvía las cuerdas que me mantenían atado, como si ya hubiera sabido que yo intentaría escapar.
Y, no solo era ese pequeño detalle, sino que tampoco podía hacer uso de mis poderes, pues sentía como la magia me susurraba que la dejara salir, sabía que estaba bloqueada, que no podía usarla.
Era de esperarse, Ford no había sido un rey temido y alabado por haber vivido tantos años o por llevar la bondad implícita en sus actos, sino que él siempre había sabido demostrar que era un hombre poderoso y astuto. Esta vez no sería la excepción. Por lo poco que la oscuridad me permitía ver, logré detallar algunas mesas llenas de cajas y polvo colocadas en las esquinas de la habitación.
Había un diminuto bombillo en el techo que parecía estar apagado y, no fue hasta ahora que logré reparar en la baja melodía que sonaba desde una pequeña cajita musical que había en el suelo, a un par de pasos de mí. La canción era constante, monótona y aburrida, como si hubiera sido creada para alargar el calvario que sentía por vivir esta tortura.
La puerta que había a mis espaldas y que no había logrado ver, se abrió y dejó entrar una larga luz helada que fue interrumpida por la sombra de un hombre que, para mi desgracia, estaba empezando a conocer mejor. El sonido del interruptor siendo prendido llegó a mis oídos y el bombillo dejó salir su tenue iluminación, pareciendo que ser que siempre había estado esperando por aquel momento.
-¿Te gusta la habitación que preparé para ti? -su voz rebosante de burla llegó a mis oídos. -La he decorado yo mismo, aunque, me habría gustado que vinieras por tu mismo.
-Púdrete. -respondí iracundo.
-Esa no es la forma de hablarle a tu rey, Nolan, no me hagas tener que cortarte la lengua. -amenazó y posteriormente se posicionó enfrente de mí.
-¿Sigues soñando con que voy a unirme a tu estúpido plan de guerra? -cuestioné con sorna. -Lamento tener que informarte que no va a suceder.
-Admito que me encanta verte intentando provocarme, pero, sabes lo que sucederá si no acatas las reglas. -me miró con falsa lastima en su mirada.