Antes de comenzar con el capítulo, quisiera crear un pequeño espacio para dedicarle a una persona muy importante este episodio. DanyOroz1505 quién no se pierde un capítulo y siempre me deja saber lo mucho que le está gustando la historia. Los quiero muchísimo.
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Anónimo:
Desde que era una niña pequeña, había aceptado la idea de casarme con cualquier hombre que estuviese dispuesto a contraer matrimonio con una simple granjera. Mi madre no se había cansado de repetirme lo servicial y sumisa que debía ser, pues de otra manera, ningún hombre estaría dispuesto a unirse a mí.
Habían pasado años desde la ultima vez en la que tan solo sopesé la idea de casarme. La edad ya pesaba sobre mis hombros y una jovencita de baja clase y con veintitrés años ya era considerada por la sociedad como una solterona perdida. En realidad, había aprendido a amar esa idea, no estaría obligada a complacer los caprichos de un hombre sin respeto alguno por los valores de una mujer y tampoco tendría que ser un bonito adorno en una sala rodeada de bebés que dependerían de mí y que tarde o temprano se verían en la obligación de convertirse en el doloroso reflejo de la vida que me esperaba.
Mis padres me miraban con el rencor guardado tras la retina de sus ojos y, aunque me doliese admitirlo, los entendía a la perfección. Mi hermano era un simple hombre que no tenía opción alguna más que continuar con el legado que mis progenitores habían construido. Pero yo era ese ápice de esperanza de una vida mejor que guardaban en una caja con cerraduras internas. Para nuestra suerte, y nótese la ironía, un día un hombre llegó a nuestra puerta y dejó en claro el deseo que sentía por contraer matrimonio conmigo.
Sería mentira decir que la idea no me emocionaba ni un poco, pues Andrés, aquel hombre de ojos amables y cabellos dorados que se había dado la tarea de visitarme y recordarme como una herida latente e incapaz de sanar al gran amor que se había arraigado a mis entrañas, era un buen partido. Estaba claro que yo no tendría ni voz ni voto en la aceptación inmediata de mis padres antes las ropas caras y los montones de oro que había en las bolsas que traía en sus manos.
Yo no estaba siendo una mujer cortejada a punto de ver como su ilusión del amor se quebraba ante sus ojos, a mí me habían comprado con sonrisas y monedas que pronto no valdrían nada.
-Elara, el joven Beaufort pasará a recogerte en unos pocos minutos. -la voz de mi madre logró sacarme del profundo abismo en el que mi mente había caído.
-De acuerdo.
-¿Acaso no has escuchado lo que acabo de decirte, hija mía? -inquirió como si el molesto timbre de su voz fuera inaudible para mí.
-Sí, madre. -aseguré en voz baja y evitando el terrible contacto visual.
-¿Irás así al encuentro con tu futuro esposo, niña? -de nuevo, un cuestionamiento molesto de su parte.
-¿Qué tiene de malo mi vestido? -rebatí a sabiendas de lo enfadada que estaría al escuchar mis palabras.
-¡Dios bendito, pero que clase de hija me has dado! -exclamó con el drama saliéndose a borbotones de entre sus labios. -Niña esos harapos que vistes no harán más que ocasionar un cambio en la decisión de ese hombre.
-Estos harapos que visto, madre, son los que tú has comprado para mí.
Su rostro se manchó de rojo por la ira que había dentro de su sistema. Dejó salir un suspiro lleno de molestia y se dio la vuelta hasta salir de mi habitación. Sabía que estaba mal, pero no pude evitar dejar salir unas cortas carcajadas luego de que su presencia estuviera fuera de mi cuarto.
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El Poder De La Nada. (LIBRO 1 Y 2)
Fantasy"En un mundo de magia y misterios, el amor puede ser un refugio... o la tormenta que desata la guerra. La sangre dorada en el suelo es solo el comienzo; en Aethel, cada lágrima derramada forjará el futuro de un ser mágico."