Capítulo 26: La boda.

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¡¿Lyra?!

¿Mi madre era anónimo?

Las lágrimas no dejaban de salir de mis ojos y sentía como mi corazón poco a poco se fragmentaba adolorido. Los cristales añicados de mi miocardio, hacían sangrar la piel de mi pecho y el dolor era tan insoportable, que un grito roto salió de mis labios.

Los sollozos se hicieron presentes y las heridas que habían en el cuerpo de mi mamá, esas cicatrices provocadas por el hombre que yo creía que había muerto por ella, aparecieron en el mío.

¿Raden no amaba a mi madre?

Había crecido creyendo que papá había sido un hombre maravilloso, que amaba con una locura abrasadora a mamá, tanto así, que había muerto por ella. Creí que había roto las reglas que existían entre los dos reinos porque estaba enamorado de ella, pero no, él había destruido su corazón y había acabado con su felicidad.

Porque era un egoísta.

Y ni siquiera era mi padre.

¿O si?

Ya no sabía que creer, me dolía la cabeza y sentía como mis sienes palpitaban al compás de mi adolorido miocardio. La furia me abrazó y la rabia arañó mi piel, me levanté del suelo y comencé a destruir todo lo que veía cerca de mí. La luz gritó desesperada por dejarse ver y algo dentro de mí que no conocía, me susurró que lo dejara salir.

No me contuve, dejé que la luz destruyera todo lo que había a mi alrededor. Sentí los cristales de los floreros esparcirse sobre el suelo, los destellos arañaban con rabia la madera del armario y terminaron por consumir hasta el más fino hilo de las mantas de seda que habían en mi cama.

Y cuando me di cuenta, estaba sola y rodeada de un terrible desastre de objetos rotos y preguntas sin respuesta. Las lágrimas secas que habían en mis mejillas maltrataron mi rostro y un dolor cegador me atravesó como si de una flecha llena de veneno se tratase.

Me recosté sobre el suelo y dejé que las lágrimas volvieran a salir de mis ojos. No tenía consuelo alguno más que la fría brisa que entraba por la ventana. Ni siquiera me había dado cuenta de la que noche había caído y que la madrugada estaba a punto de conquistar los cielos.

Unos brazos fuertes me envolvieron y el delicioso aroma de mi némesis luchó por calmar las tormentas que habían en mi mente. Me levantó del suelo y me abrazó con fuerza, sin poder evitarlo, dejé que las lágrimas salieran de mis ojos sin consuelo y que los sollozos dejarán de atormentar mi garganta.

Me aferré a su cuerpo como si la vida me dependiera de ello y el me acarició el cabello mientras me reconfortaba entre sus brazos. Antes de siquiera poder mirarlo a los ojos, sentí como los gélidos tentáculos de sus sombras, nos envolvían. Nos sentí levitar en la ausencia de luz y viajamos durante algunos segundos entre las dimensiones y el tiempo.

De pronto, sentí un cómodo colchón bajo mi cuerpo y abrí los ojos. Era consciente del aspecto que tenía y de lo ridícula que debía verme ante sus ojos.

-¿Qué sucedió? -preguntó en voz baja.

-No quiero tu lástima. -fingí toda la fortaleza que no tenía.

-Lo último que siento por ti es lástima, princesa. -aseguró.

-No quiero hablar de eso. -mi voz se rompió y una lágrima de sangre resbaló por mi mejilla mientras mis ojos sufrían por el terrible ardor que sentían.

Zayn tomó asiento a mi lado y esperó con paciencia algún movimiento de mi parte. Lo miré a los ojos y por un solo segundo, me sentí como aquella niña pequeña que encontraba consuelo en la compañía de su amigo. Dejé de verlo como ese chico que había roto mi corazón, como ese ser que había mandado a diversos demonios a matarme y como ese enemigo que ni siquiera era mío.

El Poder De La Nada. (LIBRO 1 Y 2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora