"En un mundo de magia y misterios, el amor puede ser un refugio... o la tormenta que desata la guerra.
La sangre dorada en el suelo es solo el comienzo; en Aethel, cada lágrima derramada forjará el futuro de un ser mágico."
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No sabía en qué lugar estaba.
Por primera vez desde que comencé a vivir esta clase de alucinaciones, no había nada en frente de mí ni a mi alrededor. Mi mirada estaba consumida por la oscuridad que producían mis párpados cerrados. Las sensaciones en mi cuerpo estaban eclipsadas por mi inconciencia y un sonido lejano se repetía monótonamente en mi cabeza.
Era un pitido increíblemente molesto que amenazaba con causarme un dolor de cabeza terrible. Una voz, proveniente de una mujer desconocida para mí, ensombreció el sonido que se repetía molesto a mi lado. Mis ojos se abrieron, sintiendo la pesadez sobre ellos. Imágenes borrosas se dibujaron ante mis orbes, una señora vestida de blanco corriendo de un lado para otro, Jason sosteniendo mi mano con fuerza y las gemelas en un rincón de la habitación.
Mi boca se sentía seca y poco a poco empecé a sentir la necesidad de aliviar el dolor que había en mi garganta. Apreté con fuerza la plama del chico rubio y enseguida sus ojos se posaron sobre mí. Removí mi cabeza lentamente, sintiendo como el sudor helado bajaba por mi frente.
-A-agua. -logré pronunciar.
Él hizo el intento de soltarme para cumplir mi pedido, sin embargo, no se lo permití. El calor que su mano producía sobre la mía había logrado calmar el miedo que mi corazón sentía y terror por aquello desconocido y final que había en mi mente. Cuando caí sobre el suelo y la bestia tomó el control de mi cuerpo, creí que la muerte había estado acechándome a lo lejos.
No sabía si había llegado mi hora, si estaba demasiado grave como para jamás poder realizar alguna actividad cotidiana con normalidad o si, simplemente, era exagerada y demasiado paranoica, pero, no quería dejar de sentirlo junto a mí. Él se quedó a mi lado, acarició con sus dedos mis nudillos y con un paño mojado limpió el sudor que había estado cayendo por mi cabeza.
Alguien más puso en mis labios un vaso y abrí mis labios ligeramente mientras Jason posaba su otra mano en mi nuca e inclinaba mi cabeza ligeramente. El agua cayó rápidamente en mi boca y el líquido alivió el dolor que había en mi garganta.
-Alora, voy a sacarte de aquí. -me prometió el chico.
Esas palabras fueron las últimas que escuché antes de caer nuevamente en la inconciencia.
💚🥀💚
Para cuando desperté nuevamente, mi cuerpo se sentía cansado y pesado, todo gracias al efecto de la anestesia que se había colado en mi sistema. Me sentía adormilada y somnolienta aún después de haber dormido durante tanto tiempo. Toqué las sábanas que cubrían mis extremidades inferiores y me la quité de encima desesperada, buscando encontrar alguna herida, algún rasguño, alguna maldita prueba que me ayudara a hacer todo esto real.
Pero, no la hubo.
Mis piernas estaban totalmente perfectas, sin quemaduras, sin rasguños o cicatrices que pudieran evidenciar todo el infierno que habíamos pasado en aquel campamento. Nadie me creería, ni mi madre, ni los doctores, quizás, ni siquiera los chicos serían capaces de creerle a una desquiciada con problemas de salud mental.