Libro 2: El despertar de la oscuridad.

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Prólogo.

Llevábamos cuatro meses viviendo en el mundo humano y aún no habíamos conseguido encontrar absolutamente nada sobre Lyra. Había comenzado a desesperarme, este lugar era un poco tonto y aburrido para mí, y el solo hecho de pensar que al día siguiente tendríamos que comenzar en una escuela para humanos me ponía los pelos de punta.

El día que traspasamos la barrera nos encontramos con un bosque pequeño. No demoramos mucho en salir de él y divisar un montón de casas pequeñas y muchísimas personas andando por las calles. Por suerte, y aunque Celia llevaba demasiados años viviendo en Aethel, la mujer de cabello de fuego supo guiarnos y encontrar un alojamiento pequeño para nosotros.

Al día siguiente Celia nos dejó solos en la casita y tuvimos que arreglárnoslas para poder preparar algo de desayunar. Pasamos toda la mañana aburridos y encerrados hasta que ella llegó. Traía una reluciente sonrisa en sus labios y una tarjeta entre sus manos además de una bolsa que se veía bastante llena. Nos contó que había logrado vender las monedas de oro y los diamantes que habíamos traído y que ahora podríamos vivir en una casa lo suficientemente grande para todos nosotros.

Logramos comprar una casa preciosa en un tranquilo barrio residencial, rodeada de árboles y jardines bien cuidados. En la entrada había un amplio vestíbulo con suelos de mármol y una elegante pero discreta lámpara de araña que iluminaba suavemente el espacio.

La sala de estar era acogedora y moderna, con sofás de tonos neutros y cojines coloridos que añadían un toque de alegría. Grandes ventanales permitían que la luz natural inundase la habitación, lo que en algunas ocasiones me recordaba al salón que había en el palacio de Arcania.

La cocina era el corazón de la casa, Celia pasa la mayor parte de su día allí junto a Iris, quien pronto descubrió que amaba hacer pasteles. Tenía una isla central en la cual cenamos todas las tardes.

Cada uno de nosotros tiene su propia habitación, decorada según nuestros gustos personales. En mi cuarto había una cama bastante grande con edredones lilas y varios cojines tan suaves como el algodón que decora los cielos. Una librería con numerosos tomos de diferentes géneros, pues desde que llegué a este mundo descubrí mi pasión por las historias plasmadas en tinta y papel. También había un escritorio justo enfrente de la ventana, la cual daba al patio trasero. En la planta baja de la casa había una biblioteca bastante amplia, una sala de estar y algunas otras habitaciones.

Celia nos había dado unas tarjetas pequeñas a las que llamaba ''identificaciones'', donde salían nuestras fechas de nacimiento, nombres completos y un poco de información personal que, en realidad, no era nuestra. Teníamos algunos vecinos a los que les habíamos contado nuestra trágica historia, pues, supuestamente, nuestros padres habían muerto en un accidente, dejándonos huérfanos y al cuidado de la mujer de cabello de fuego.

Habíamos creído que aquella historia además tonta, no sería creíble, sin embargo, todos parecían sentir una lástima tremenda por nuestra desafortunada situación. Iris y Mallory habían tenido que mentir diciendo que pintaban sus cabellos con una pintura especial, pues para lograr que nuestra mentira fuera aún más convincente, debíamos hacerles creer que nuestras diferencias físicas eran producto de cambios que habíamos decidido tener en nuestros cuerpos.

Las chicas tenían algunas amigas que vivían cerca de nuestra casa, Celia también salía a encontrarse con conocidas que animaban sus días y Zayn había encontrado un compañero que lo ayudaba a entender como funcionaba este mundo. Yo pasaba mis días buscando a mi madre, había aprendido a usar un artefacto mágico que los humanos llamaban celular y trataba de buscarla por allí.

Jorge, el hombre encargado de manejar nuestro auto, ese carruaje oscuro de cuatro ruedas que nos permitía movernos con mayor rapidez, se encargaba de llevarme de ''paseo'' por la ciudad. No había tenido éxito alguno en la búsqueda y me había dado cuenta de que el mundo humano era muchísimo más grande que Aethel. Celia no me había dado permiso para viajar, pues desde que habíamos llegado vivíamos en un país, aunque no sabía muy bien lo que eso era, llamado Andara.

Cuando mis largos días terminaban, volvía a casa desanimada y exhausta por el fracaso de mi búsqueda, sin embargo, Nyx y Ebony se encargaban de sacarme un par de sonrisas. Aquella bestia que antes era un precioso dragón, ahora era un perro parlante de color negro, y la pantera de ojos cerúleos lucía como una linda gatita.

Celia nos había comentado sobre una Academia de Artes a la que debíamos asistir para mantener un perfil bajo. Por lo que al día siguiente debíamos ir a esa tonta escuela rodeada de jóvenes ruidosos. Esperaba poder encontrar alguna pista sobre mi madre antes de que el crepúsculo tiñera los cielos, pues además de que mis ánimos por convertirme en una estudiante artística no existían, tampoco tendría mucho tiempo para seguir con mi búsqueda. 

Nota de la autora:

Hola amores!!!!

Estoy muy feliz de traerles el prólogo del segundo libro de esta historia. Estoy más que segura de que les encantará tanto como a mí, pues se vendrán muchísimas sorpresas.

Nuevos personajes, nuevas mentiras, secretos y muchísimas cosas más. También estoy buscando la manera de volver a actualizar diariamente, ya que sé que ustedes aman que la historia se desarrolle rápido.

Por aquí les dejo la portada de este segundo libro, espero que les guste tanto como a mí.

Los amodoro.

El Poder De La Nada. (LIBRO 1 Y 2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora