Preparación
Silvia
Desperté con el sonido suave de la lluvia golpeando las ventanas. Eran las 6 de la mañana. Mi primera clase empezaba a las 8, así que tenía tiempo: arreglarme con calma, desayunar algo ligero y tratar de convencerme de que el día no sería tan pesado como ya presentía.
El cielo estaba gris, el clima frío, y ese olor a tierra mojada llenaba todo. Elegí un outfit abrigador pero presentable: un pantalón cargo de mezclilla, un top rojo sencillo que daba un poco de vida al día y una gabardina café que me hacía sentir un poquito más elegante, aunque por dentro seguía estando medio dormida. El maquillaje, el de siempre: natural, fresco, como si no hubiera tratado en absoluto—aunque en realidad sí.
No habría prácticas hoy, así que podía ir exactamente así. Terminé de arreglarme y bajé a desayunar algo, aunque no tenía hambre. Sabía que mi nana me iba a hacer comer lo que hubiera preparado, y de cierta forma me reconfortaba esa rutina.
Entré al comedor y mis padres ya estaban ahí. Apenas estaban comenzando; tenían fruta y jugo de naranja enfrente, como si el día fuera uno más. Mi padre levantó la vista cuando me vio.
—Silvia, buenos días —dijo con ese tono neutral que últimamente me sonaba más a trámite que a cariño.
—Buenos días. Solo para decirles que tengo una cita con Jorge a las 7:30. Creo que es para lo del compromiso, no sé exactamente qué es, solo sé que tengo que ir elegantemente. No sé a qué hora llegaré —solté, sin mirarlos más de lo necesario.
Aún estaba molesta, muy molesta, por lo del compromiso. Así que no me senté con ellos. Fui directo a la cocina, a la barra donde desayunaban los empleados, mi refugio desde siempre.
Mi nana me vio entrar y me sonrió con esa ternura que siempre me hacía respirar más tranquila. Tomó un plato y me sirvió fruta con yogurt. Justo lo que necesitaba porque mi estómago seguía cerrado.
—Milagro, mi niña, que te sientes aquí —dijo divertida. Tenía razón. Solo venía cuando estaba enojada o cuando necesitaba silencio de mis padres.
—Quería respirar otros aires, nana. Desayuno rápido y me voy porque entro a las 8. Y otra cosa... ¿me acompañas a comprar un vestido para una cena?
—Okey mi niña, yo te acompaño. Me avisas cuando vengas por mí para estar lista. Desayuna para que no se te haga tarde.
Yo asentí, aunque lo único que quería era salir corriendo del drama que mi vida se había convertido últimamente.
⸻
Llegué al estacionamiento, y aunque no tenía ganas de manejar, me dio pena decirle al chofer que me llevara. Así que ni modo: tocaba hacerlo yo.
Llegué a la escuela, me estacioné, saqué mis cosas y me puse mi bata. Caminé hacia el jardín, donde mis amigos estaban matando el tiempo antes de clase. Aún faltaban 10 minutos para neurología. Me acerqué a saludarlos.
—Ya supiste la nueva —dijo Fernanda de inmediato, con esa cara de chisme que ya la delataba.
—¿Cuál? —pregunté.
Fernanda me enseñó su teléfono. Una nota de farándula abierta decía:
"Jorge Salinas, hijo del empresario más rico de México, se nos casa. No sabemos con quién hasta esta noche. Esperemos que sea una mujer bella como las que él suele andar. Hasta aquí mi reporte."
Sentí mi estómago caer hasta los pies. Mierda. Justo esto necesitaba hoy.
—Lo chistoso es que la novia es misteriosa —agregó Fernanda—. Hasta hoy más tarde se sabrá quién.
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De mi
Teen FictionUn empresario con riesgo a quedar en la quiebra, compromete a su hija con un empresario multimillonario, no se soportan para nada pero cuando se dan cuenta lo que en verdad cada uno siente, ahí algo que los separa.
