Las huellas del silencio
Jorge
Llevo días sin dormir desde que me dieron la hoja con el nombre de "Dra Navarro".
No he tenido ni ganas de cortarme la barba, mi padre me ha dicho que parezco un vagabundo, pero no me dan ganas de nada.
Aquella hoja con la dirección escrita temblaba entre mis dedos.
"Mazunte, Oaxaca". La frase se repetía una y otra vez, como un eco imparable.
Durante meses eh vivido con el peso de la muerte de Silvia... con el dolor de haber perdido.
Pero ahora... había una chispa. Pequeña, tenue, pero real.
No le he dicho a nadie. Ni Amanda, ni a su nana, ya que creía que lo había superado.
Tengo tentación de decirle a Luis y a Rafael que la encontré, pero siento que sonaría algo loco decirles que ella estaba viva, cuando ellos ya habían vivido su duelo.
Así que tendría que salir yo solo a buscarla, a emprender este viaje para encontrarla.
Empaqué una maleta con ropa sencilla, un cuaderno de notas, mi iPad y una que otra cosa.
Antes de salir de la ciudad paré por el cementerio donde ella estaba.
—Si estás ahí—. Le dije al llegar a la tumba. —Te pido perdón por no encontrarte antes. Si no estás... entonces estoy más cerca de ti de lo que he estado antes en meses—.
El camino a Oaxaca fue largo y más porque me fui manejando desde la Ciudad de México.
Conduje por horas, cruzando autopistas, montañas, pueblos polvorientos.
Cada kilómetro era una herida abierta para mí. Cada árbol, una posibilidad.
Al llegar al pueblo, no pregunté por Silvia. Se que no debo de ser tan directo. Me hospedé en una pequeña posada a las afueras. Observe. Escuche. Pregunté con cuidado. Solo necesitaba una confirmación. Una sola.
Y la obtuve a la tarde siguiente, cuando escuché a dos niños correr por la plaza del pueblo diciendo:
—¡La doctora ya no sale de su casa! ¡Pero su panza está enorme!—.
Al escuchar eso me detuve en seco.
Mi mundo se desmoronó en un segundo.
¿Doctora? ¿Embarazada?.
El corazón me latió tan fuerte que sentí que podía oírlo. Camine en dirección contraria. Necesitaba tiempo. Necesitaba respirar. Si era ella. Si Silvia estaba viva... y esperaba un hijo...
¿Será mío?
Me senté en una banca, con las manos cubriéndome el rostro.
"Silvia... ¿qué me ocultaste?"
Pero no voy a ir ahora a enfrentarla. No puedo verla así. No sin saber porque me dejó. No sin entender si aún tenía un lugar en su vida.
Ahora el reencuentro está más cerca que nunca...
Pero las respuestas muy lejos...
La noche en la posada era oscura, silenciosa, y el sonido de los grillos llenaban el aire caliente. No puedo dormir. Estoy tenso, cada músculo de mi cuerpo tenso por la incertidumbre que me ahoga.
ESTÁS LEYENDO
De mi
Teen FictionUn empresario con riesgo a quedar en la quiebra, compromete a su hija con un empresario multimillonario, no se soportan para nada pero cuando se dan cuenta lo que en verdad cada uno siente, ahí algo que los separa.
