La grieta que abrió mi vida
Silvia
Qué hace una joven de 23 años, inteligente, soñadora y con una vida aparentemente perfecta, comprometida con alguien mucho mayor que ella?
La verdad... ni yo tengo la respuesta completa.
A veces una cree que el amor puede aparecer donde menos lo espera, y otras veces solo quiere sentir que la vida tiene sentido. Pero cada paso que tomé en mi pasado, incluso los más dolorosos, me prepararon —aunque yo no lo sabía— para conocer al amor de mi vida.
Esta es la historia de cómo todo comenzó.
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Hola. Soy Silvia Angélica Navarro Barva.
Nací el 14 de septiembre, en Irapuato, Guanajuato, pero a los tres meses mis padres tuvieron que mudarse a Ciudad de México por cuestiones económicas. Crecí en una ciudad tan caótica como hermosa, con museos que se convirtieron en mis refugios, con calles inseguras, sí, pero llenas de vida. Me enamoré del arte desde que era niña; cada exposición me hacía sentir que había otros mundos más allá de los líos de la vida real.
Tengo 23 años y estoy en mi penúltimo año de la carrera de Medicina en la Universidad del Valle.
Mi círculo social es pequeño, aunque no lo creas. En la universidad todos me saludan, dicen que soy "la popular", pero yo detesto ser el centro de atención. No me gusta sentirme importante, aunque siempre termino siéndolo para los demás sin quererlo.
Mi grupo real es de cuatro personas:
Rafael, el cerebro del grupo;
Fernanda, la consejera del amor, la típica cupido que siempre quiere unir corazones rotos;
y Luis, mi mejor amigo desde los ocho años, mi hermano del alma, mi brújula.
Es homosexual —sí, lo digo con orgullo—, y él me aconseja sobre hombres mientras yo lo aconsejo sobre el amor. Me conoce más que yo misma. Casi puede leer mis pensamientos.
Mi última relación, con Renato, me dejó más marcada de lo que admito. Esa historia es tan importante, que sin contarla no entenderías cómo llegué a convertirme en la mujer que soy hoy.
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Esa relación me dejó traumada.
Literalmente estuve un año en terapia, y sigo yendo, aunque menos.
Aprendí a desconfiar hasta de mi propia sombra.
Renato... él no solo me rompió el corazón: se metió con mi mejor amiga, con Melani. La conocí desde el kínder. Nuestras mamás, Angélica (mi mamá) y Rebeca (su mamá), eran amigas inseparables. Pero lo que pasó entre nosotras destruyó todo.
Nunca culpé solo a Melani.
La culpa era de ambos.
Se dejaron llevar por la pasión, por el morbo, por lo prohibido... quién sabe.
Lo que sí sé es que jamás pensaron en mí.
Y lo peor de todo... lo descubrí con mis propios ojos.
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Era mi fiesta de cumpleaños número 20.
Mis papás siempre me organizan una gran fiesta. Ese año, el salón de fiestas estaba decorado hermoso, todos estaban bailando, riendo, disfrutando.
A Renato no lo había visto en toda la noche, aunque ya eran las 10:30 p.m. y mi fiesta empezó a las 8.
Melani me pidió permiso para usar el baño de mi cuarto —"el del salón está horrible", me dijo— y yo, inocente, le dije que sí.
Pasó media hora.
Luego una hora.
Miré el reloj: 11:20 p.m.
Y ella no bajaba.
Pensé que quizá se había caído, o mareado por el alcohol. Subí las escaleras sin sospechar nada...
hasta que llegué a la puerta de mi cuarto.
Y escuché ruidos.
No ruidos de alguien vomitando o buscando papel higiénico.
No.
Eran gemidos.
Mi corazón se aceleró.
Mi respiración se cortó.
Abrí la puerta... y cometí el error más doloroso de mi vida.
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De mi
Teen FictionUn empresario con riesgo a quedar en la quiebra, compromete a su hija con un empresario multimillonario, no se soportan para nada pero cuando se dan cuenta lo que en verdad cada uno siente, ahí algo que los separa.
