Un empresario con riesgo a quedar en la quiebra, compromete a su hija con un empresario multimillonario, no se soportan para nada pero cuando se dan cuenta lo que en verdad cada uno siente, ahí algo que los separa.
Creo que lo de venir al aeropuerto no fue buena opción.
No sé a dónde irme, lo único que quiero es irme lejos.
Pregunté a las personas de las aerolíneas que boletos tenían disponibles para este mismo rato y me dijeron que había para Oaxaca, Monterrey, Chiapas, Cancún, Mérida y miles más.
Me puse a pensar y decidí irme a Oaxaca porque para allá nunca había ido.
Me dieron mi pase de abordar y la documentación que me pedían para llevar a Angy arriba del avión.
Por suerte el avión salía dentro de 1 hora, para ese entonces que todos me estuvieran buscando no estaría aquí.
Compre lo necesario que iba a necesitar en lo que encontraba en qué pueblito establecerme.
Por si sí o por si no apague mi teléfono, no quiero que el asombroso de Jorge me localice ni nadie de mi familia.
Después de dos horas ya estoy en Oaxaca, pregunté aquí a la gente que me tomó plática en el avión que el mejor pueblo para ir es Mazunte.
Así que toca irse para allá, voy a ver por aquí cercas del aeropuerto donde venden carros, si me voy a estableces ahí no me conviene andar rentando.
Cercas del aeropuerto había un establecimiento que vendían carros.
Como quiero pasar de desapercibida tengo que comprar un carro pequeño, para ser exactos una tortuguita un bocho.
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Pague con tarjeta, me costó menos de 50,000 pesos mexicanos, me sorprendió que costará tan barato, porque el auto la verdad está en buenas condiciones.
Prendí mi celular porque pues lo iba a ocupar para el camino hacia el pueblo.
Puse en el GPS la ubicación y a manejar hasta por 3 horas y media.
Llegué al lugar, juro que no siento mis pompis de ir manejando. Además hace un calor, pero es soportable, ni se nota que ya es diciembre, pero el aire está algo helado.
Busque un lugar para hospedarme y por suerte encontré uno en el centro.
El lugar tenía estacionamiento y metí a mi tortuguita hasta el fondo.
Baje mis maletas y fui hasta recepción. Ahí me atendió una mujer no muy joven, le calculo unos 50 años y más.
—Hola me llamo Carmen González soy dueña del hostal ¿dime en qué te puedo ayudar?—.
—Necesito una habitación para una persona —. Respondí.
—En este caso sería para dos porque traes a tu hija—. Ambas reímos. —Por suerte tenemos una disponible para ti, tiene una hermosa vista al mar—.