La noche en que todo se rompió
Silvia
¿Qué digo?, era lo único que pasaba por mi cabeza cada que alguien se acercaba a saludarme. Me presentaban con sonrisas amables, con ganas genuinas de conversación, pero yo no sabía de qué hablar ni qué cara poner. Mi voz parecía haberse escondido en el rincón más oscuro de mi estómago, y cada intento por sacarla era como escarbar entre piedras.
Jorge me llevaba de un lado a otro, presentándome con gente que jamás en mi vida había visto. Sus manos cálidas en mi espalda eran lo único que me mantenía de pie. Yo solo esperaba el momento en que él se distrajera para ejecutar mi plan: escaparme e irme a la fiesta de Fernanda.
Y si alguien creía que lo de escaparme era broma... pues no. Mis planes eran absolutamente reales. En cuanto Jorge volteara a ver otra cosa, yo iba a desaparecer. Disque al baño, al lobby, al infierno en persona, no sé. Pero de que me iba, me iba. Aunque me tocara irme en taxi con este vestido que parecía más diseñado para exhibirme que para caminar.
—Buenas noches a todos, gracias por venir a esta cena tan especial para nosotros, los Salinas —escuché la voz de Elio desde el escenario.
Volteé, y ahí estaba él. Elio Salinas. Imponente, con traje negro y una presencia que llenaba la habitación. Tomó el micrófono y continuó:
—Como algunos ya saben, Jorge, mi único hijo, se me casa con Silvia Navarro, una bella dama. Por lo cual, los invito a subir al escenario para que los conozcan aún mejor.
Tragué saliva. Noté a Jorge a mi lado, y la manzana de Adán se le movió con la misma violencia con la que yo sentía que se me movía el corazón. Estaba nervioso. Jorge Salinas, el hombre al que jamás había visto temblar, estaba igual de asustado que yo.
—Subamos —dijo él con un tono firme... que ni él mismo se creía.
Las luces se encendieron sobre nosotros en cuanto pisamos el escenario. Las cámaras, los flashes, las risas, los murmullos. Todo giraba. La gente nos rodeaba como si fuéramos piezas de exposición. Y en medio de ese caos, Jorge se inclinó hacia mí.
—Espero que te guste esto... Yo lo iba a hacer más privado con tus padres, pero papá no quiso. De hecho, tus padres están aquí —susurró.
Levanté la vista y ahí estaban ellos. Mis papás. Sentados justo frente al escenario, viéndome con ojos brillosos. ¿Cómo demonios no los había visto antes? ¿Cómo podía mi cerebro estar tan saturado que no reconocí a las dos personas más importantes de mi vida?
Elio terminó su discurso y le entregó el micrófono a Jorge. Yo ya estaba sudando lugares donde ni sabía que se podía sudar.
—Buenas noches a todos. Gracias por estar aquí —comenzó Jorge, con esa voz que siempre parecía tenerlo todo bajo control. Hasta que volteó hacia mí—. Silvia, tengo algo que decirte.
Mi corazón simplemente... se detuvo.
—Hoy quiero darte un regalo. Quiero regalarte mi corazón, mi sonrisa y mi paz interior. Quiero regalarte mis sueños y construir una vida juntos. Conocerte ha sido el mayor de los privilegios; amarte, el mayor de los placeres. Tenerte como mi esposa será el fin último de mis mayores deseos... Silvia, ¿te quieres casar conmigo para construir nuestros sueños conjuntamente?
Sacó una cajita negra aterciopelada. Cuando la abrió, el anillo de oro rosa brilló como si tuviera luz propia. Y toda la gente volteó a verme. Hasta las paredes parecían mirarme. Mis piernas estaban a nada de doblarse.
Suspiré. Lo miré. Y las palabras salieron solas, como si mi alma hubiera hablado por mí.
—Sí, Jorge... sí quiero casarme contigo.
ESTÁS LEYENDO
De mi
Novela JuvenilUn empresario con riesgo a quedar en la quiebra, compromete a su hija con un empresario multimillonario, no se soportan para nada pero cuando se dan cuenta lo que en verdad cada uno siente, ahí algo que los separa.
