Capitulo 64

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No debí hacer esto....

Jorge

Antes de irnos de la fiesta Silvia tomó una botella de tequila de una mesa.

Le ordene a uno de ahí que llevara la camioneta de Silvia a la casa de Luis, le pediría que la llevara a su casa de ella, pero no sé dónde se está quedando.

Fuimos por nuestros sacos y ya de ahí nos fuimos en mi carro hasta mi casa.

No se me ocurre dónde más llevarla, mi casa es mi lugar especial con ella ahí.

Llegamos a la casa, no se escuchaba ningún movimiento.

Silvia estaba parada en el vestíbulo mirándome con una mezcla de deseo y tristeza.

Deja caer las llaves sobre la mesa sin apartar la vista de ella.

Ella dio un paso hacia mi, se desabrochó lentamente el abrigo, dejando que resbalara por sus hombros, cayendo al suelo.

—Por favor...—. Susurró, sus ojos vidriosos por el alcohol.

No se que decir, me acerqué a ella y la bese. Al principio fue un roce suave, como preguntándole si estaba segura.
Pero Silvia enredó sus manos en mi camisa y me atrajo hacia ella aún más, el beso se volvió desesperado.

Subí mis manos por la espalda de ella, sintiendo el calor de su cuerpo a través de la tela fina de su vestido.

Ella impaciente, buscó el borde de mi camisa, tirando de ella para deshacerse de los botones torpemente.

Solté una risa breve contra sus labios, entrecortada por la ansiedad y la ayude a quitarse el vestido.

El vestido cayó a sus pies, dejando al descubierto su hermosa piel con esa sexy lencería roja, cuando le dije que tenía que traer algo rojo a la fiesta no le especifiqué que.

La cargué en mis brazos y subí las escaleras.  Cada paso parecía eterno para llegar a mi habitación.

Llegando a mi recámara la deposité suavemente sobra la cama. Silvia me miraba, hermosa, con las mejillas sonrojadas y los labios entreabiertos.

Me decide rápidamente de mi ropa. Cuando mi cuerpo chocó con el de ella, nuestros cuerpos se buscaron como piezas que siempre han encajado.

Besé cada centímetro de su piel, desde su cuello hasta la curva de su vientre, mientras Silvia arqueaba su cuerpo hacia mi, rogando por más. Mis manos recorrían sus muslos, su cintura, la línea de su espalda, como si algo me dijera que la memorizara para siempre.

Ella susurraba mi nombre "Jorge" una y otra vez, entre jadeos y sollozos.

Me decide de su ropa interior y yo de la mía, no sé si es correcto lo que esté haciendo, pero algo me dice que después de esto algo va a pasar.

—Jorge ya metemelo estoy tan húmeda—. Dijo Silvia con un hijo de voz.

—¿Estás segura?—. Pregunte todavía para asegurarme.

—Si, pero hazlo rápido antes de que me arrepienta—.

No sé si hacerlo, ella está bajo los efectos del alcohol y no está en sus 5 sentidos, pero yo si estoy con mis sentidos.

Bueno...pues lo voy a hacer, porque si esto se queda así al rato va a decir que me fui con las nalgas plásticas.

Entre penetrándola, lento, profundo, ella soltó un gemido ahogado y me abrazó con fuerza.

No hay prisa entre nosotros, solo caricias largas, miradas intensas, movimientos acompasados que hablan más que cualquier palabra.

No había barreras entre nosotros. No hubo preocupaciones.
Solo el deseo, el amor, la tristeza.
Todo junto, desbordándolos.
Esta noche nos amamos a pesar de todo.

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