Los restos del amor
Silvia
Los primeros rayos de luz entraron por las ventanas de la habitación, me hicieron abrir los ojos.
Tengo un brazo rodeándome, voltee y vi a Salinas, su rostro se ve tan en paz, el semblante que tenía ayer ya cambió, no sé si estos últimos meses ha dormido bien, porque ahora se ve que está disfrutando demasiado estar dormido.
Empecé a acariciarlo para despertarlo, ya era hora que yo me tenía que ir a la clínica, solo voy a atender un paciente y regreso.
—Jorge ya despierta—.
—No, otro ratito más—. Me acerco más a él.
—No puedo, tengo que ir a la clínica y regreso—.
El al fin abrió los ojos.
—Que bonito amanecer tengo y más por que vi tus hermosos ojos verdes—. Intento besarme pero me hice a un lado.
—Ya déjame ir que se me hace tarde—.
—¿Porque no quieres que te bese?—. La creyó fácil.
—Porque no será fácil que yo vuelva a creer en ti, mientras tanto solo amigos, lo único que nos une ahora es nuestro bebé—.
—Silvia por favor, volvamos a intentar todo esto...No después de todo lo que he hecho para encontrarte—.
—Lo que tú no entiendes Jorge es que el amor no puede salvarnos. Y este bebé que llevo adentro... es un recordatorio de que lo nuestro ya no es lo mismo—.
Sentí como algo recorría mi cuerpo, como si la tierra me estuviera dando una señal.
Fue un error aceptar que durmiera esta noche aquí conmigo, pero la ola de emociones me gano.
—Jorge tienes que irte... no podemos estar juntos. No ahora. No después de todo lo que hemos pasado—.
Jorge no me dijo más, se levantó, se puso los zapatos y salió de la habitación.
Es lo correcto en este momento, no quiero que ninguno de los dos salga lastimado, ahora amo más a mi bebé que a él.
Regrese del dispensario y pensé que Jorge iba a estar aquí al menos para ver a su hijo, pero esta noche no regreso.
Intenté mantener ocupada mi mente ayudando a Doña Carmen a hacer unas decoraciones para las fiestas de Mayo de un santo del pueblo.
Pero fue casi imposible concentrarme, no debí de hablarle así a Jorge.
Ya era de noche y yo aún no podía dormir sin saber que él estaba bien, mandé a varios del pueblo a buscarlo, aquí no corre ningún peligro es un lugar muy seguro, pero Jorge es nuevo aquí y tengo miedo que le pase algo al papá de mi hijo.
Miraba a la calle desde la ventana de mi cuarto para ver si lo veía pero nada, abrazando mi vientre como consuelo.
En los días siguientes Jorge no volvió a buscarme, creo que me está dando espacio para pensar bien las cosas y él se está dando también ese espacio, lo único que tenía de él era su Mail, pero ni respondía los correos.
Cada noche debajo de la puerta llegaba una carta. Nunca estaban firmadas, pero conozco la letra y sé que son de Jorge.
Las leía una a una, lloraba algunas veces, casi siempre, reía en otras.
Pero no respondía porque no sabía a dónde mandarlas.
Una mañana mientras revisaba a una mujer embarazada, sentí un dolor extraño en el abdomen. Le reste importancia pensando que el bebé se había movido de más.
ESTÁS LEYENDO
De mi
Teen FictionUn empresario con riesgo a quedar en la quiebra, compromete a su hija con un empresario multimillonario, no se soportan para nada pero cuando se dan cuenta lo que en verdad cada uno siente, ahí algo que los separa.
