celos y arrepentimiento

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Capítulo 30:


Con el paso de las semanas, Natasha comenzó a recuperar su rutina. Aunque el dolor no desaparecía por completo, poco a poco lograba enfocarse en otras actividades y encontrar paz en los pequeños momentos, lejos del caos del paddock. Max, siempre al pendiente, la apoyaba en todo y la motivaba a mantener la cabeza en alto.

Sin embargo, la situación de Charles empeoraba. Cada carrera era una decepción, y los medios comenzaban a señalar su evidente descenso. Las críticas se multiplicaban, cuestionando su compromiso y profesionalismo, y su equipo empezaba a perder la paciencia. Era evidente que su enfoque no estaba en las pistas, y aunque intentaba ocultarlo, los errores y la tensión constante eran prueba suficiente de su distracción.

Un día, después de una carrera particularmente desastrosa, Charles se encontraba solo en el garaje, con las luces apenas iluminando el lugar. Sabía que estaba perdiendo mucho más que posiciones; sentía que su carrera y su vida personal estaban en una espiral descendente, y por más que intentara remontar, el vacío que Natasha había dejado lo perseguía constantemente.

Por su parte, Natasha recibía noticias de Charles a través de los reportes y los comentarios en el paddock. Sabía que no estaba bien, pero se repetía a sí misma que debía mantenerse firme. Había tomado una decisión, y aunque verlo en ese estado le generaba cierta tristeza, entendía que ambos necesitaban superar sus errores y tomar responsabilidad de sus actos.

Unos días después, durante otra carrera, Max se acercó a Natasha con una expresión seria.

-¿Has visto cómo está Charles últimamente? -le preguntó, bajando la voz.

Natasha asintió, intentando esconder la preocupación en su mirada.

-Lo he notado, Max, pero... él eligió este camino. No puedo hacer nada por él ahora.

Max suspiró, comprendiendo su postura, pero le preocupaba que su antigua amistad con Charles terminara tan destruida como todo lo demás. Sabía que ambos tenían que sanar, y quizás, algún día, podrían mirarse de nuevo sin el peso del pasado.

Natasha decidió enfocarse en su propio bienestar, dejando que el tiempo y la distancia fueran los que, eventualmente, ayudaran a sanar las heridas. Aunque el camino no sería fácil para ninguno de los dos, ella tenía claro que la única salida era seguir adelante y dejar atrás el dolor, confiando en que la vida, de alguna manera, traería la paz que tanto necesitaban.

En las semanas siguientes, mientras Charles seguía lidiando con sus propios problemas, Franco Colapinto comenzó a acercarse más a Natasha. La amistad entre ellos siempre había sido relajada y divertida, pero ahora, después de todo lo que había pasado, Franco parecía aún más interesado en estar a su lado. Sus mensajes eran constantes, siempre encontraba una excusa para pasar tiempo con ella y hacía todo lo posible por hacerla reír.

Natasha apreciaba su compañía; Franco la hacía sentir cómoda y le permitía olvidarse de todo el drama que había atravesado con Charles. Con él, las risas y la complicidad eran fáciles, sin presión ni expectativas. Poco a poco, empezó a darse cuenta de lo mucho que le gustaba la forma en que Franco la miraba y la atención que le prestaba. Había una chispa que, aunque al principio no había notado, ahora empezaba a ser difícil de ignorar.

Sin embargo, no era el único que se daba cuenta. Charles, aunque intentaba mantenerse concentrado en su trabajo, no podía evitar notar la cercanía que Natasha tenía ahora con Franco. En el paddock, las miradas y las sonrisas que compartían, las bromas y la confianza que se tenían, le provocaban una mezcla de celos y frustración. Sabía que había cometido errores, pero ver a otro piloto acercarse a Natasha le recordaba aún más lo que había perdido.

Una tarde, después de los entrenamientos, Charles observó cómo Franco y Natasha se reían juntos cerca de los garajes. Franco le hablaba con ese tono relajado y divertido que él solía usar con ella, y la mirada de Natasha, llena de complicidad, le causó una punzada en el pecho. En un impulso, Charles decidió acercarse.

-Natasha -la llamó con voz firme, intentando que no se notara la tensión en su tono. Ella se giró, sorprendida de verlo ahí.

-Charles... -respondió, un poco incómoda al notar la intensidad en sus ojos.

Franco se mantuvo a su lado, observando la escena con una ceja levantada. Charles lo miró brevemente antes de centrarse en Natasha.

-Necesito hablar contigo -dijo Charles, ignorando deliberadamente la presencia de Franco.

Natasha, sintiendo la incomodidad de la situación, suspiró y asintió. Sabía que la conversación era inevitable, y aunque prefería evitar conflictos, decidió escuchar lo que Charles tenía que decir. Franco la miró, transmitiéndole con la mirada que estaría cerca por si necesitaba algo, y se alejó para darles algo de privacidad.

-¿Qué necesitas, Charles? -preguntó Natasha, con un tono calmado, pero decidido.

Charles se tomó un momento antes de responder, sus ojos reflejaban una mezcla de arrepentimiento y celos.

-Sé que cometí errores... y no quiero causarte más problemas, pero... -hizo una pausa, sin saber exactamente cómo expresar lo que sentía-. Me está costando verte con él. Pensé que aún había algo que podríamos arreglar entre nosotros.

Natasha lo miró, sintiendo una mezcla de compasión y tristeza. Había sido duro para ella también, pero sabía que no podía volver a abrir esas heridas.

-Charles, te dije cómo me sentía y lo que necesitaba para sanar. No es justo para ninguno de los dos volver a abrir lo que ya decidimos cerrar -le dijo, con una mirada firme-. Franco es mi amigo, alguien que me ha apoyado sin pedir nada a cambio, y lo aprecio mucho por eso.

Charles asintió, pero su frustración era evidente. Sabía que había perdido algo invaluable, y aunque le dolía verlo, tenía que respetar las decisiones de Natasha.

-Solo quiero que seas feliz -murmuró Charles finalmente, con resignación en su voz.

Natasha le dedicó una última mirada, agradecida por sus palabras, y luego se despidió con un leve asentimiento. Al regresar junto a Franco, él la miró con una sonrisa de apoyo, listo para hacerla reír de nuevo y alejar cualquier tristeza que quedara en su mente.

Mientras Natasha y Franco se alejaban, Charles se quedó solo en el paddock, consciente de que tal vez este era el final definitivo entre ellos, y que tendría que aprender a vivir con ello.

CORAZONES EN LA PISTA Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora