Capítulo 27:
El sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo con tonos dorados y anaranjados mientras Natasha estaba sentada en el balcón de su habitación, mirando las luces de la ciudad. Todo parecía haberse calmado después del torbellino de rumores, pero aún sentía esa pesadez en el pecho. No podía dejar de pensar en las fotos de Charles y Alexandra, y las dudas que aún la acechaban, aunque Charles insistía en que todo era un malentendido.
De repente, la puerta se abrió, interrumpiendo sus pensamientos. Era Charles, quien entró con paso firme, pero con una mirada suave, llena de preocupación.
-Natasha, necesitamos hablar -dijo con calma, cerrando la puerta detrás de él.
Ella no respondió de inmediato, pero sus ojos se encontraron, y por un momento, ambos se quedaron en silencio, como si buscaran la forma correcta de empezar.
-¿Qué pasa? -preguntó ella finalmente, su voz suave pero con un atisbo de duda.
Charles se acercó lentamente y se arrodilló frente a ella, tomándole las manos con una ternura que la sorprendió.
-Sé lo que están diciendo, y entiendo cómo te sientes. Pero quiero que sepas, desde lo más profundo de mi corazón, que jamás te haría daño -su voz estaba firme y llena de sinceridad. Natasha lo miraba, buscando alguna señal de mentira, pero no la encontró.
-Es solo que... las fotos, las palabras, todo eso... no puedo evitar pensar que algo de eso debe ser verdad -dijo Natasha, su voz quebrándose un poco, sin querer mostrar su vulnerabilidad, pero no pudiendo evitarlo.
Charles suspiró, dejando escapar un largo suspiro mientras se acercaba más, buscando su mirada.
-No es verdad, Natasha. Todo lo que pasó con Alexandra... fue hace mucho tiempo. Ella es parte de mi pasado, y ya no significa nada para mí. Eres tú, solo tú, la que me importa. Tú eres mi presente y mi futuro. -Charles la miró profundamente a los ojos, casi como si pudiera leer su alma. -Te amo. De verdad, te amo más de lo que las palabras pueden expresar.
Natasha se quedó en silencio, mirando su rostro, buscando algo, alguna señal de duda, pero solo encontró sinceridad y un amor que la hacía sentir especial, única. Finalmente, soltó una leve risa, algo incrédula por la intensidad de sus palabras.
-Es solo que... todo esto es tan nuevo para mí. Tengo miedo, Charles. Miedo de que, en algún momento, algo pueda cambiar.
Charles la abrazó con ternura, envolviéndola en sus brazos, y susurró al oído de Natasha:
-Nada va a cambiar. Todo lo que te prometo, lo cumpliré. Quiero una vida contigo, una familia, y un futuro. Quiero que seas mi esposa, que estés a mi lado siempre. Eres mi todo, Natasha. Mi único y verdadero amor.
Las palabras de Charles, sinceras y llenas de emoción, derritieron el miedo que Natasha había estado guardando en su corazón. Poco a poco, los temores comenzaron a desvanecerse, y lo único que quedaba era la sensación de que, a su lado, podía construir un futuro lleno de amor.
Natasha se apartó un poco de él, con una sonrisa tímida pero sincera.
-Creo en ti, Charles. Creo en lo que somos juntos. Te amo también.
Charles sonrió, con la felicidad reflejada en su rostro. Se acercó y besó suavemente su frente.
-Entonces, no importa lo que digan los demás. Lo único que importa es lo que tú y yo compartimos. Y siempre te haré sentir especial, porque eres la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida.
Aquel momento fue la respuesta que Natasha necesitaba. Con cada palabra de Charles, las dudas se desvanecían, y el amor que ambos compartían brillaba más que nunca. Ya no había lugar para el miedo, ni para los rumores. Solo existían ellos dos, el uno para el otro.
Y, con esa certeza, el futuro parecía mucho más claro.
Al día siguiente, el paddock estaba lleno de actividad, los mecánicos trabajando a toda prisa en los autos, los ingenieros revisando los últimos detalles y los pilotos intercambiando palabras de ánimo. Pero entre todo ese ajetreo, había algo que no dejaba en paz a Natasha.
Desde que se despertó, el nudo en su estómago no se había deshecho. Esa sensación extraña al estar cerca de Ethan seguía presente, acechando cada uno de sus movimientos. No sabía si era miedo, inseguridad o algo más, pero algo en él le despertaba una alarma interna que no lograba ignorar.
Estaba sentada en la silla de descanso, observando el bullicio del paddock. Max estaba cerca, conversando con Charles y Carlos, mientras los mecánicos terminaban de ajustar los autos para la carrera. La emoción por el evento de ese día estaba en el aire, pero Natasha no podía evitar la constante sensación de incomodidad.
De repente, sintió esa mirada, la que siempre la hacía estremecer. Ethan estaba cerca, observando todo desde su lugar, pero sus ojos, inexplicablemente, estaban fijos en ella. No podía ser casualidad, no era la primera vez que lo sentía. Algo en su mirada hacía que el ambiente se volviera más denso, más cargado. Se apartó de su campo de visión lo más rápido posible, pero el sentimiento persistió, como si estuviera siendo observada por algo más que unos simples ojos.
-¿Estás bien? -preguntó Max, interrumpiendo sus pensamientos, viéndola inquieta.
Natasha asintió, forzando una sonrisa.
-Sí, solo un poco distraída. Nada importante.
Pero la incomodidad no se desvaneció. Miró a su alrededor buscando alguna distracción, y pronto se dio cuenta de que Charles estaba cerca, charlando con los ingenieros. Fue entonces cuando se permitió un respiro, sabiendo que la cercanía de Charles siempre la hacía sentirse más segura.
Sin embargo, la mirada de Ethan seguía ahí, como un peso invisible en su espalda. No quería pensar en él, pero las semanas de tensión, las conversaciones extrañas, las insinuaciones y el constante malestar no dejaban de arrastrarla a ese lugar oscuro que, de alguna manera, había olvidado o suprimido.
El ruido del paddock, la emoción de la carrera, las conversaciones de los otros pilotos, todo parecía estar en su lugar, pero para Natasha, todo era más denso. Al final del día, se dio cuenta de que no solo era la carrera lo que la preocupaba, sino que había algo mucho más profundo en su interior que necesitaba entender.
A medida que los coches comenzaban a rodar en la pista, la ansiedad de Natasha aumentaba. Lo único que deseaba en ese momento era que todo terminara rápido. Pero sabía que la carrera, aunque era importante, no era lo único que debía enfrentar.
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CORAZONES EN LA PISTA
Ficção AdolescenteEn el apasionante mundo de la Fórmula 1, donde cada segundo cuenta y la velocidad lo es todo, Natasha Verstappen regresa tras años de ausencia para reencontrarse con su hermano, Max Verstappen. Pero su regreso al paddock no es solo por nostalgia; Na...
