Capítulo 95:
Una mañana de sábado, Max llegó temprano a casa de Natasha. Charles estaba jugando con Alexander y Katherine en la sala, y todos rieron cuando el niño pequeño intentó subirse en el cochecito de juguete con la ayuda de su hermana.
Max sonrió al verlos y se acercó. -¡Vaya, aquí hay mucho caos! -dijo divertido, mientras Katherine corría hacia él y lo abrazaba.
-¡Tío Max! -dijo la pequeña, emocionada-. ¿Vas a jugar con nosotros?
Max se inclinó para abrazarla y luego saludó a Charles y a Alexander con una sonrisa. -Hoy no, pequeña. Hoy me voy a llevar a mamá a dar una vuelta, ¿me das permiso?
Katherine asintió muy seria, como si estuviera aprobando una gran decisión. -Bueno, ¡pero que no tarde mucho!
Natasha, que acababa de salir de la cocina, se acercó sonriendo. -Tranquila, Katherine. Volveré para la cena.
Después de despedirse de su familia, Natasha salió con Max y juntos se dirigieron al auto. Durante el camino, Max observó a su hermana, que miraba por la ventana con una expresión tranquila.
-¿En qué piensas, Nat? -preguntó suavemente.
Ella sonrió y suspiró. -En todo. En los años que hemos pasado, en cómo todo cambió cuando aparecieron Charles, Katherine, Alexander... Nunca imaginé que la vida tomaría este rumbo.
Max asintió, recordando también sus propios altibajos. -Lo sé. A veces pienso en todo lo que nos ha costado llegar hasta aquí. No ha sido fácil... pero aquí estamos.
Natasha lo miró y, con una sonrisa cargada de nostalgia, respondió. -Tienes razón. Hemos pasado por mucho, Max. Hubo momentos en que pensé que todo iba a derrumbarse.
Max miró el camino, pero su voz reflejaba un profundo cariño. -Recuerdo lo difícil que era al principio. Cuando solo éramos tú y yo, intentando encontrar el camino. Siempre fuimos tú y yo, Nat. Y verte ahora, feliz, con Charles y los niños... -Se le quebró un poco la voz, y trató de disimularlo-. Me hace feliz. Mucho.
Natasha puso una mano en el hombro de Max. -Y a mí me hace feliz verte aquí, conmigo. No importa qué pase, siempre has sido mi apoyo. Gracias, Max. Por todo.
Max sonrió, mirándola con los ojos ligeramente húmedos. -No tienes que agradecerme nada, hermana. Somos familia. Tú has sido mi familia desde siempre.
Natasha lo abrazó en silencio, sabiendo que no hacían falta más palabras. Al separarse, ambos compartieron una sonrisa llena de complicidad y cariño.
-Ahora, ¿a dónde vamos?
-preguntó ella, tratando de romper el silencio con algo de entusiasmo.
Max sonrió, recuperando su tono juguetón.
-A donde tú quieras, Nat. Hoy es tu día.
Y, con un último intercambio de miradas, se adentraron en un día que sería un recordatorio de todo lo que habían compartido y de cuánto se habían apoyado en cada paso del camino.
Max condujo hacia un lugar especial que ambos frecuentaban en su infancia: una colina en las afueras de la ciudad. Era un rincón al que solían escapar cuando las cosas en casa se volvían insostenibles. Al llegar, apagó el motor y se quedaron en silencio, observando el paisaje que no había cambiado en todos estos años.
-¿Recuerdas cuando veníamos aquí?
-preguntó Max, mirando hacia el horizonte con una mezcla de nostalgia y tristeza
-. Era el único lugar donde podíamos sentirnos tranquilos, lejos de... ya sabes, todo lo demás.
Natasha asintió y suspiró, recordando esos días difíciles.
-Sí, aquí todo era diferente. Me hacía sentir que había algo bueno en el mundo, algo que podía ser nuestro... lejos de él.
Max apretó los puños sobre sus rodillas.
-Sabes, Nat, a veces pienso en todo lo que nos tocó vivir y me pregunto si pude haber hecho más para protegerte. Tal vez si hubiera sido más fuerte, si hubiera sido mejor hermano...
Natasha le puso una mano en el hombro, mirándolo con ternura. -No, Max. Tú eras solo un niño también, y aun así me diste lo único que necesitaba: alguien que me amaba y me apoyaba. Siempre fuiste mi refugio, mi familia. No sé qué habría sido de mí sin ti.
Max la miró, y en sus ojos se mezclaban el alivio y el dolor. -Sabía que te tenía a ti, Nat. Eres lo único bueno que tengo de aquellos años... Lo único que valió la pena.
Natasha sonrió con melancolía. -Y ahora míranos. A pesar de todo, estamos aquí, con nuestras propias vidas y familias. Todo lo que hemos construido no habría sido posible sin ti.
Max sonrió débilmente y miró al cielo, tratando de calmar las emociones que lo abrumaban. -No tuvimos a mamá, y papá... Bueno, ni siquiera sé si llamarlo así. Pero creo que encontrar nuestro propio camino, a pesar de todo eso... eso es lo que haría que se sintieran orgullosos, ¿no crees?
Natasha lo miró, con una expresión suave pero decidida. -No sé si papá sentiría nada, Max. Nunca le importamos. Pero nosotros hemos aprendido a construir nuestro propio valor, y no necesitamos su aprobación.
Él asintió, y por un momento, el silencio lo dijo todo. Ambos sabían que, pese a lo difícil que había sido crecer sin el amor de sus padres, se habían fortalecido gracias al apoyo mutuo.
-Gracias, Nat. -Max le dio un apretón en el hombro, con una sonrisa genuina-. Por estar siempre a mi lado, por ser mi familia... y por no dejarme caer, te amo hermana.
Ella le devolvió el apretón y le sonrió. -Gracias a ti, Max. Somos quienes somos por lo que construimos juntos, y nada ni nadie podrá cambiar eso, te amo mucho más hermano.
Se quedaron allí, mirando el atardecer en un silencio reconfortante, rodeados de recuerdos y del cariño incondicional que siempre los había unido.
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CORAZONES EN LA PISTA
Teen FictionEn el apasionante mundo de la Fórmula 1, donde cada segundo cuenta y la velocidad lo es todo, Natasha Verstappen regresa tras años de ausencia para reencontrarse con su hermano, Max Verstappen. Pero su regreso al paddock no es solo por nostalgia; Na...
