distancia

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Capítulo 59:

Los días se hacían eternos para Natasha. Max y Charles habían partido para una serie de carreras consecutivas en Asia y, con el compromiso de seguir las indicaciones médicas, Natasha debía quedarse en casa, descansando. Al principio, había intentado mantener el ánimo, sabiendo que tanto Max como Charles la llamaban todos los días y le enviaban mensajes de apoyo. Pero, con el paso de las semanas, la soledad empezó a invadirla, y la ausencia de ambos se sentía como un vacío cada vez más pesado.

Una tarde lluviosa, Natasha se encontraba sentada en el sofá, mirando la pantalla del televisor donde transmitían la última carrera. Sus ojos se llenaron de lágrimas al ver a Charles y Max en la parrilla de salida, enfocados y listos para darlo todo. Aunque estaba orgullosa de ellos, no podía evitar sentirse alejada de la vida que tanto amaba y de los hombres que más significaban para ella.

A medida que avanzaba la carrera, Natasha comenzó a experimentar un dolor profundo en el pecho, una angustia que la superaba. Tomó el teléfono y pensó en llamar a Charles, pero sabía que él estaba completamente concentrado en la competencia. Le mandó un mensaje rápido, diciéndole cuánto lo extrañaba y que contaba los días para volver a verlo. Sin embargo, la sensación de vacío y tristeza se hizo más intensa, y comenzó a cuestionarse si el esfuerzo y sacrificio realmente valían la pena.

Esa noche, sin poder dormir, Natasha salió al balcón y miró las luces de la ciudad. Sus manos acariciaron su vientre, tratando de calmar a su pequeña, que parecía agitarse con su propio nerviosismo. Las palabras que había intentado reprimir finalmente salieron en susurros:

-No sé si puedo hacer esto sola... -dijo, con voz entrecortada, mientras las lágrimas caían sin cesar-. Te prometí que estaríamos juntos en esto, y siento que estoy perdiendo fuerzas...

En ese momento, su teléfono sonó. Era Max en una videollamada, y Natasha contestó, tratando de secarse las lágrimas antes de que él la viera. Pero Max, perceptivo como siempre, notó la tristeza en su rostro.

-¿Nat? ¿Estás bien? -preguntó, con el ceño fruncido y la voz preocupada.

Ella trató de sonreír, pero no pudo ocultar la verdad.

-No, Max. Me siento sola... y agotada. Necesito a ustedes aquí. No sé si puedo soportar este mes sin que estén conmigo.

Max la miró, comprendiendo la profundidad de su angustia, y se quedó en silencio un momento, como si tratara de pensar en algo que pudiera ayudar. Finalmente, suspiró.

-Natasha, escucha. No estás sola. Cada día, aunque estemos lejos, Charles y yo pensamos en ti y en la bebé. Pero si necesitas que estemos contigo, haremos lo que sea necesario para volver. No importa nada más.

Natasha sintió una pequeña chispa de alivio al escucharlo, pero su angustia aún no desaparecía por completo. A lo lejos, escuchó otra voz: era Charles, que se había unido a la llamada al ver que Max hablaba con ella. Su rostro mostró preocupación al ver el estado de Natasha.

-Nat, no soporto verte así. Sé que este no es el mejor momento, y te juro que en cuanto acabe esta carrera, haré lo que sea para regresar, aunque sea por un par de días -dijo Charles, con determinación en su voz-. Tú y nuestra hija son lo único que importa.

Natasha asintió, con una sonrisa débil. Aunque el dolor de la distancia seguía allí, saber que ellos la comprendían y estaban dispuestos a hacer lo imposible por ella le dio un poco de consuelo.

Esa noche, Natasha se fue a dormir con la promesa de que no tendría que soportar este peso sola. Sabía que Max y Charles regresarían a su lado lo antes posible, y en ese momento se convenció de que, por difícil que fuera, siempre tendrían un amor capaz de resistir cualquier distancia.

El día del cumpleaños de Natasha había llegado, pero en lugar de sentir emoción, una sensación de tristeza la envolvía. Aquel año, a diferencia de los anteriores, Charles y Max no estarían a su lado. A pesar de las promesas de que regresarían pronto, la distancia y el peso de su embarazo la hacían sentir cada día más vulnerable. Se sentía agotada, y aunque sus amigos y familiares le enviaban mensajes de cariño, nada reemplazaba el abrazo de aquellos dos hombres tan importantes en su vida.

Mientras se acomodaba en el sofá de la habitación del hotel donde había decidido quedarse para estar más cerca del circuito, un sonido inesperado interrumpió sus pensamientos: el timbre de la puerta. Confundida, Natasha se levantó lentamente y fue hacia la entrada. Al abrir, se encontró con una vista que la dejó sin palabras.

Un ramo enorme de flores y un montón de globos de colores la recibieron, llenando el espacio de alegría. Entre los globos había uno grande en forma de bebé, con un mensaje escrito a mano: "¡Feliz cumpleaños, futura mamá!" Natasha sonrió, sintiendo una calidez que no había experimentado en días. Entonces, al apartar las flores, la sorpresa final la dejó sin aliento.

Detrás del arreglo floral y los globos, con sonrisas radiantes, estaban Max y Charles, mirándola con ternura. Natasha llevó las manos a su boca, incapaz de creer lo que veía.

-¡Feliz cumpleaños, amor! -dijo Charles, acercándose para abrazarla, y ella lo rodeó con fuerza, sin poder contener las lágrimas de felicidad.

-Pensaste que te íbamos a dejar sola hoy, ¿verdad? -agregó Max, bromeando mientras también se acercaba para abrazarla.

Natasha estaba tan emocionada que apenas podía hablar. Sentía que todo el estrés y la tristeza de los últimos días desaparecían en ese instante, reemplazados por una alegría profunda y sincera.

-No puedo creer que hayan venido... -susurró Natasha, mirando a Charles y Max como si fuera un sueño.

-Nada iba a impedirnos estar contigo hoy -respondió Charles, acariciando su rostro-. Y, además, quería estar a tu lado ahora que estamos tan cerca de conocer a nuestra pequeña.

Max, siempre el bromista, señaló su vientre y dijo:

-Además, quiero asegurarme de que me gane el título de "mejor tío" desde el primer día. No me arriesgaría a que alguien más se adelante.

Natasha rió, acariciando su pancita ya prominente, consciente de que el nacimiento de su hija estaba cada vez más cerca. Se sintió rodeada de amor y gratitud. Todo el tiempo que había pasado angustiada parecía desvanecerse, y en su lugar quedó una paz que solo la presencia de Charles y Max podía darle.

El resto del día lo pasaron juntos, celebrando en privado en su suite decorada con globos, flores, y una torta que Max había insistido en decorar con el nombre de la bebé. Comieron, rieron y recordaron momentos especiales, y en cada anécdota, la conexión entre los tres se hacía más fuerte.

Antes de dormir, Charles la abrazó y le susurró al oído:

-Prometo que, a partir de ahora, no volveremos a estar lejos. Este cumpleaños es solo el primero de muchos que celebraremos juntos, como una familia.

Natasha asintió, sintiendo que, sin importar lo que el futuro trajera, siempre estarían unidos, listos para enfrentar cualquier desafío con amor y valentía.

CORAZONES EN LA PISTA Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora