dolores de parto

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Capítulo 89:

Esa noche, tras la emotiva celebración, Natasha sintió un dolor punzante en su abdomen. Al principio pensó que solo era cansancio, pero el dolor persistía, y en poco tiempo se intensificó. Charles, al ver su expresión, se dio cuenta de inmediato y se acercó, sujetándola con preocupación.

-¿amor, estás bien? -preguntó alarmado, sus ojos reflejando miedo y emoción a la vez.
Natasha asintió levemente, pero el dolor la hacía cerrar los ojos. Entendiendo que el momento había llegado, Charles no perdió tiempo y tomó su teléfono para llamar a Max.

Max, necesitamos que vengas rápido. Natasha está con dolores de parto, y necesito que cuides a Katherine -dijo con urgencia.
En pocos minutos, Max llegó a la casa, sus ojos llenos de determinación y preocupación. Al ver a Natasha, le dio un apretón de manos cariñoso, mientras Charles preparaba todo para llevarla al hospital.

-Katherine estará bien conmigo. Tú solo concéntrate en Natasha y en tu bebé -le dijo Max a Charles, transmitiéndole seguridad.

Con Katherine segura con su tío, Charles y Natasha salieron rumbo al hospital. Los dolores eran cada vez más intensos, y el nerviosismo llenaba el aire. Aun así, Charles no soltó su mano en ningún momento, susurrándole palabras de aliento mientras recorrían las calles oscuras, con el corazón latiendo de emoción y ansiedad.

Finalmente, al llegar al hospital, el personal los recibió y preparó todo para el parto. Charles, aún nervioso pero decidido, le sonrió a Natasha, que, a pesar del dolor, le devolvió la sonrisa. Estaban listos para recibir a su pequeño, y ambos sabían que, después de todo lo que habían pasado, este era un nuevo comienzo para su familia.

Mientras Natasha era llevada a la sala de parto, Max se acercó y tomó su mano, mirándola con ternura y preocupación. Sabía que estaba nerviosa, y quería asegurarse de que no se sintiera sola en ese momento.

-Natasha, todo va a salir bien -le susurró suavemente, acariciando su mano-. Estoy aquí contigo, siempre lo estaré. Te quiero mucho, hermanita. Eres fuerte y valiente, y vas a hacer esto increíblemente bien.

Natasha lo miró con los ojos llenos de gratitud y emoción. Las palabras de su hermano le dieron la fuerza y la calma que necesitaba. Apretó su mano, sonrió y asintió, sintiendo que, sin importar lo que viniera, no estaba sola.

Charles, que observaba desde un lado, sintió un profundo respeto por Max en ese momento, y agradeció silenciosamente por tenerlo allí para apoyarlos.

Con el apoyo de Max y Charles, Natasha se sintió más tranquila mientras la llevaban a la sala de parto. Charles se quedó a su lado, sosteniéndola de la mano y susurrándole palabras de aliento. A pesar del cansancio y el dolor, Natasha sentía que no podía haber imaginado un mejor momento que este: tener a las personas que amaba a su lado, preparándose para recibir a su hijo.

Los minutos parecían horas, pero finalmente, el sonido de un pequeño llanto llenó la sala. Natasha y Charles se miraron con lágrimas en los ojos mientras el médico les entregaba a su bebé. Era un momento que parecía eterno, como si el tiempo se detuviera solo para ellos.

Charles, conmovido, miró a Natasha, y juntos contemplaron al pequeño ser que sostenían en sus brazos. Era el inicio de una nueva etapa, y sentían que todo el esfuerzo y los momentos difíciles valían la pena al ver a su hijo por primera vez.

Poco después, Max entró a la habitación con Katherine en brazos. La pequeña, llena de emoción, observaba a su hermanito con ojos grandes y curiosos. Max se acercó y, con una sonrisa cálida, felicitó a Natasha y Charles.

-Estoy tan orgulloso de ustedes -dijo Max suavemente, mirando a su hermana y su nuevo sobrino-. Bienvenido, pequeño. Te vamos a cuidar con todo el amor del mundo.

Natasha, conmovida, miró a su hermano y asintió. Sabía que, con su familia unida, podían superar cualquier cosa. Así, rodeados de amor y promesas de apoyo, celebraron la llegada de un nuevo miembro a su hogar, listos para construir un futuro juntos.

Katherine miraba con curiosidad a su hermanito mientras Charles la ayudaba a acercarse un poco más. Con su vocecita, casi en un susurro, preguntó:

-¿Este es mi hermanito?
Natasha sonrió y le acarició el cabello con dulzura.

-Sí, mi amor. Este es tu hermanito -respondió, su voz llena de ternura.

Katherine, con una sonrisa que iluminaba su carita, extendió una mano pequeñita y tocó suavemente la manito del bebé. El pequeño respondió con un leve movimiento, y Katherine soltó una risita emocionada.

-¡Es tan chiquito! -dijo con asombro, mirando a sus papás.
Charles se inclinó hacia ella, sonriendo.

Así de chiquita eras tú cuando naciste, Katherine. Ahora serás su hermana mayor y su protectora -le explicó, besándole la frente.
Max, que había estado observando con emoción, se acercó y miró a Natasha.

-Hermana, estoy tan feliz por ti... y tan orgulloso -le dijo, con la voz entrecortada por la emoción-. No solo eres una gran mamá, sino también una mujer increíblemente fuerte.
Te quiero mucho hermana.
Natasha sonrió, agradecida, y le dio un apretón de manos.

Gracias, Max... No sé qué haría sin ti, te quiero mucho mas hermano-le respondió en voz baja, con lágrimas en los ojos.
Max suspiró, y luego se dirigió a Charles, mirándolo con seriedad y respeto.

-Charles, cuídalos bien. Natasha y los niños son lo más importante para mí -dijo, dejando claro el mensaje detrás de sus palabras.
Charles asintió con firmeza, sosteniendo la mirada de Max.

-Te lo prometo, Max. No los dejaré solos ni un segundo. Son mi vida -respondió, transmitiéndole la sinceridad de su compromiso.

Natasha observó a su hermano y a su esposo, sintiendo una paz que hacía mucho tiempo no experimentaba. Sabía que, a pesar de todo lo que habían pasado, este momento representaba un nuevo comienzo, uno lleno de amor y esperanza para todos ellos.

























CORAZONES EN LA PISTA Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora