Capítulo 40:
La cabaña estaba fría y solitaria, rodeada por la oscuridad del bosque que la aislaba completamente del mundo exterior. Natasha, temblando, se encontraba amarrada a una silla en el centro de la pequeña habitación. Sus muñecas estaban fuertemente atadas, las cuerdas le rozaban la piel, y el dolor de su captura se sumaba a la angustia emocional que la consumía. La cabaña no tenía ventanas que dieran al exterior, y el aire viciado le dificultaba respirar, mientras sus pensamientos iban y venían, atrapada en la pesadilla que Ethan había creado.
Ethan, como un espectro oscuro, se encontraba a su lado, observándola fijamente con una sonrisa maquiavélica en su rostro. Natasha, que intentaba contener sus lágrimas, sentía la opresión de su pecho, como si no pudiera escapar de la tensión que lo invadía todo.
-Tienes que ser mi mujer, Natasha. Ya no hay escapatoria. -Ethan acarició su rostro con una mano fría, mientras su mirada era de una tranquilidad inquietante. -Te lo he dicho muchas veces, eres mía, y ahora vas a darme lo que me pertenece.
Las palabras de Ethan le cortaron el aliento a Natasha. No podía creer que, después de todo lo que había pasado, estuviera atrapada allí, en ese lugar, sin poder hacer nada. El miedo la invadía, pero también la impotencia de saber que no podía liberarse.
-No... no Déjame ir. -Sus palabras salieron entre sollozos, su voz temblorosa. Intentó mover las manos, pero las cuerdas le impedían hacerlo. A pesar del pánico y la tristeza que la invadían, Natasha sabía que no podía dejarse vencer. Su mente, aunque nublada por el miedo, seguía aferrándose a la esperanza de que alguien la encontraría, alguien que la amaba y la protegería.
Las imágenes de su hermano Max y Charles vinieron a su mente. Recordó cómo Max siempre la había defendido, cómo Charles había estado a su lado en los momentos difíciles. Los recuerdos de su familia y amigos la mantenían anclada a la realidad, pero el tormento de tener a Ethan tan cerca, tocándola, haciendo que todo su cuerpo se revolviera en repulsión, la mantenía atrapada.
-Por favor... no me hagas esto. Necesito que me encuentren. -Las lágrimas caían sin control por sus mejillas, pero Ethan no parecía sentir ninguna compasión.
Él se acercó lentamente, disfrutando de la angustia de Natasha, y le susurró al oído, casi como si fuera una amenaza:
-No te preocupes, Natasha. Yo seré el que te encuentre. Y cuando lo haga, ya no habrá nada que hacer. -Su risa fue fría y cruel, y Natasha sintió el peso de esas palabras como una condena.
Sin embargo, en su interior, Natasha se aferraba a la esperanza. Max la buscaría, lo sabía. Charles la buscaría. No podían dejarla allí, no podían dejar que ese monstruo la destruyera. Recordó la promesa que Max le había hecho de no dejarla sola, de no permitir que nadie le hiciera daño. Recordó cómo él había reaccionado cuando descubrió lo que Ethan había hecho. Max vendría, lo sabía.
Mientras Ethan se alejaba, sintiendo que su poder sobre ella crecía, Natasha no podía evitar preguntarse cuánto más duraría su tortura. Pero a pesar del dolor, de la humillación y el miedo que sentía, una parte de ella seguía luchando, aferrándose a la posibilidad de que sus seres queridos la encontrarían antes de que fuera demasiado tarde.
No sabía cuánto más podría resistir, pero, mientras tanto, su mente se centraba en el único pensamiento que la mantenía con vida: Max y Charles la encontrarían. No podían dejarla allí, no podían permitir que Ethan saliera con la suya.
La angustia de Max, Charles, Carlos, Franco, Checo y el resto de los pilotos aumentaba con cada minuto que pasaba. Habían rastreado todas las pistas posibles, pero la sensación de que Natasha seguía cerca, pero fuera de su alcance, los estaba desbordando. Sin embargo, algo cambió cuando un hombre extraño, con una actitud sospechosa, apareció con una caja en las manos y la metió rápidamente en el maletero de su auto.
Max, instintivamente, giró el volante, haciendo que su auto se pusiera en marcha sin pensarlo dos veces. "Este es el momento," pensó. Sabía que debía seguir al hombre, sin importar lo que pudiera pasar. Estaba seguro de que Natasha estaba cerca, y tal vez esa caja tenía algo que ver con ella.
Charles, sentado a su lado, lo miró preocupado, pero también compartía el mismo impulso: Debían actuar rápidamente. Dentro del auto con ellos iban Carlos, Franco, y Checo, quienes no dejaban de mirar por las ventanas, atentos a cualquier movimiento. Detrás, en otro auto, venían los demás pilotos: Lando, Lewis, Sebastian, y Daniel, todos comprometidos en la búsqueda de Natasha. El aire estaba tenso, pero la esperanza comenzaba a latir más fuerte dentro de sus corazones.
-¡Max, no te adelantes mucho! -gritó Charles mientras observaba que el auto frente a ellos tomaba una curva. -Es mejor seguirlo desde lejos. No sabemos si tiene algo que ver con lo que buscamos.
Max apretó los dientes, sabiendo que tenía que mantener la calma, aunque las emociones lo invadían. No iba a perder la oportunidad de encontrar a su hermana, aunque fuera lo último que hiciera.
-Tranquilo, Charles. Si este tipo sabe algo, lo vamos a averiguar. -La determinación en su voz era clara.
Siguieron al hombre por calles oscuras y desoladas, hasta que finalmente llegaron a un lugar apartado, donde la carretera se volvía aún más solitaria. En la distancia, se podía ver una pequeña cabaña, aislada de cualquier otra construcción. Los vehículos frenaron silenciosamente a una distancia prudente.
Max apagó el motor del auto, y todos se quedaron en silencio por unos segundos, observando desde lejos. "Es aquí." La certeza en la mirada de Max reflejaba lo que sentía en su interior: la ansiedad y la necesidad de recuperar a Natasha. Pero, a la vez, no podían arriesgarse a ser descubiertos antes de saber qué estaba ocurriendo dentro de esa cabaña.
Los pilotos se agruparon en silencio, con miradas decididas y tensas, como si todo el esfuerzo de semanas finalmente estuviera dando frutos. Cada uno sabía lo que tenía que hacer. Carlos, Franco, y Checo se quedarán atrás para observar y comunicarse con el equipo. Lando, Lewis, Sebastian y Daniel se prepararon para intervenir si era necesario.
Max y Charles se miraron, ambos sabían que no podían perder más tiempo. Con la mano en el tirador de la puerta, Max susurró:
-Vamos, es hora de que descubramos qué está pasando aquí.
De repente, un sonido apagado, como si la puerta de la cabaña se estuviera abriendo, llegó hasta sus oídos. ¿Estaba Ethan dentro? ¿O tal vez alguien más? ¿Sería Natasha la que finalmente aparecería?
El tiempo parecía detenerse mientras se preparaban para lo que fuera que se encontraba detrás de esas paredes. La última parte de la búsqueda estaba a punto de comenzar, y no dejarían que nada ni nadie los detuviera.
La cabaña era su última esperanza.
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CORAZONES EN LA PISTA
Ficção AdolescenteEn el apasionante mundo de la Fórmula 1, donde cada segundo cuenta y la velocidad lo es todo, Natasha Verstappen regresa tras años de ausencia para reencontrarse con su hermano, Max Verstappen. Pero su regreso al paddock no es solo por nostalgia; Na...
