2 ¿QUIEN SOY?
Marta de la Reina
Desperté sin saber dónde estaba. La luz fría del techo me cegaba por momentos, mientras trataba de enfocar mi vista. ¿Qué es esto? ¿Por qué estoy aquí? Me preguntaba una y otra vez. No reconocía el lugar ni los sonidos. Todo era extraño, distante, como si no perteneciera a ese sitio. El dolor en mis rodillas y en mi mano izquierda me recordó algo... ¿una caída? Sí, había tropezado, pero ¿dónde? Mis pensamientos se escapaban antes de poder darles forma.
Sentía mi cuerpo pesado, atrapado bajo el peso de un agotamiento desconocido. Intenté moverme, pero un pequeño pinchazo en mi brazo me lo impidió. Un gotero. Estaba en un hospital, o eso quise creer, pero no entendía por qué. Mi mente estaba nublada, lenta. Los recuerdos de lo que había pasado antes de llegar ahí eran un cúmulo desordenado de imágenes. Toledo... la tienda... el puente de San Martín. ¿Cómo llegué hasta allí? No recordaba. Y en ese instante, allí, entre máquinas y personas que no conocía, me sentía atrapada en una realidad que no era la mía.
Intenté cerrar los ojos para volver a perderme en esa oscuridad que al menos me daba paz, pero algo me impedía dormir del todo. Como si, incluso dormida, mis pensamientos siguieran latiendo bajo la superficie. Oía murmullos a mi alrededor, voces, susurros que me llegaban distorsionados, como si estuviera sumergida bajo el agua. Cada vez que intentaba seguir la conversación, me desvanecía nuevamente.
Mi cuerpo se movía entre el sueño y la vigilia, con un vaivén constante que me hacía sentir perdida. En un momento de claridad, escuché el sonido suave de una puerta abriéndose y sentí una presencia cercana. Me obligué a abrir los ojos, aunque el esfuerzo fuera extenuante. Mi vista se cruzó con la misma chica que vi antes de sumergirme en el sueño profundo, la doctora. Me miraba desde la puerta, y de alguna manera sabía que estaba allí para mí.
Quería hablar, decir algo, pero las palabras no salían. Sólo podía mirarla, esperando que ella entendiera lo que ni yo misma podía expresar. ¿Qué me había pasado? ¿Qué hacía en ese lugar? Necesitaba respuestas, pero no sabía cómo pedirlas. La chica se acercó, sonriéndome con suavidad, y sentí una oleada de calma. Era como si me asegurara que todo estaba bien, aunque nada lo estuviera.
—Marta... ¿Cómo se siente? —Volver a escuchar su voz me recompuso algo. Pero le hice ver que, a pesar de que no tenía ni idea de lo que me sucedía, lo único que podía decirle era que estaba cansada, muy cansada, y que no entendía muy bien por qué estaba allí. Ella me miró, dejó escapar una tímida sonrisa, y comprobó por algunos segundos la aguja que tenía anclada en mi brazo—. Justamente por eso, porque está cansada. No se preocupe, de acuerdo. Por la mañana, si recupera la energía, podrá marcharse a su casa —me dijo intentando calmarme. Yo no la creí, o tal vez sí, sí creí sus palabras, pero algo en mí dudaba de que fuera a ser así, y no dudé en cuestionarla para que lo confirmase— Claro —me dijo con una dulzura que me alivió—. Estás en el hospital, no en la cárcel —me aseguró con una leve sonrisa—. Solo quiero ver que se encuentra bien, y ya está, volverá a su vida —añadió mientras asentía, y yo me sentía demasiado agotada como para oponerme—. Pero antes de que suceda eso, me gustaría poder hablar con usted a solas sin que se ponga nerviosa. ¿Podríamos intentarlo? —continuó, cada vez con más dulzura.
—¿Ahora? —balbuceé un tanto desconfiada. No por mí, ni por ella, precisamente, sino porque justo detrás habia otra compañera suya. Y yo apenas me sentía con fuerzas para enlazar dos palabras seguidas con algo de sentido.
—Si no le importa, cuanto antes mejor. Laura, déjanos a solas, yo me encargo del control —le dijo a su compañera, quien rápidamente abandonó la habitación. El silencio que siguió solo era interrumpido por el pitido monótono de esos extraños aparatos a mi alrededor. Traté de reacomodarme en la cama, aunque el esfuerzo fue inútil; todo me resultaba incómodo y extraño.

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CRU2SH
Science FictionMarta, una mujer de 1958, y Fina, una chica de 2024, se encuentran inesperadamente en el presente debido a un inexplicable viaje en el tiempo. A pesar de venir de épocas tan diferentes, sus caminos se cruzan en un mundo contemporáneo que les resulta...