25 MADRUGADA
Fina Valero.
Cuando agarré la mano de Marta para ayudarla a levantarse, sentí una descarga eléctrica que me atravesó de arriba a abajo. Fue tan fuerte que ni tuve tiempo de pensar; solo supe que de repente el mundo se me vino encima.
El vértigo me golpeó sin aviso, como si el suelo desapareciera bajo mis pies. Todo se volvió oscuro, y sentí el pecho oprimido, mientras notaba como el aire se me escapaba a borbotones. Intenté moverme, pero no pude; me tambaleé, y apenas logré estirar una mano para agarrarme de la pared. La piedra áspera fue lo único que me hizo sentir que todavía estaba allí, que no me estaba desmoronando del todo.
De pronto, el sonido también se esfumó, dejándome en un silencio tan jodido que parecía que el mundo entero se había detenido. Y yo... yo estaba perdida en esa negrura, como suspendida en algún lugar lejano, sin rumbo ni control. No tengo idea de cuánto tiempo estuve así, como atrapada en un limbo sin principio ni final.
De un segundo a otro, sentí el golpe seco de mi cuerpo contra el suelo. Algo duro chocó contra mi cabeza; un dolor sordo se instaló en mi cráneo, pero todo era tan confuso que no lograba entender qué había pasado. Apenas pude abrir los ojos, y la luz que veía era débil, temblorosa, como si estuviera muy lejos o como si mis ojos no quisieran ajustarse.
Sentía la mejilla pegada a algo frío y rugoso. No sabía si era la pared o el suelo. No tenía claro dónde estaba ni por qué me dolía tanto todo. El vértigo seguía ahí, haciendo que todo girase a mi alrededor. Traté de respirar hondo, pero hasta eso parecía un esfuerzo imposible. La cabeza me latía y, a cada segundo, la confusión se hacía más grande. Por un momento pensé que, tal vez, eso era la muerte. Que algo me había pasado, y estaba luchando entre la vida y la muerte, como algunos de esos pacientes que llegan a mis manos. Pero entonces la oí. Escuché su voz, lejana, como si estuviera desintonizada, no lo sé. Pero era ella. Era su voz, y eso me sirvió de guía para intentar mantenerme consciente en mitad de esa oscuridad que me envolvía.
Sentí un murmullo en mis labios antes de que mis ojos empezaran a abrirse, aunque apenas pude distinguir nada. Todo estaba borroso, y mi cabeza latía como si alguien estuviera aporreándome desde adentro
—¿Qué... qué ha pasado? —murmuré, sintiendo cómo las palabras salían entrecortadas, como si no fueran mías. Llevé la mano a mi cabeza y me estremecí cuando el dolor aumentó al tocarme.
Cuando al fin logré enfocar, la vi. Vi a Marta. Estaba allí, difusa, pero sabía que era ella. ¿Cómo no saberlo? Sin embargo, había algo en su expresión que me heló. Sus ojos reflejaban puro horror, como si estuviera viendo algo que no lograba comprender. Sin embargo, en contraste, me hablaba con una dulzura casi desesperada, en un intento de calmarme. Esa mezcla, entre su cara descompuesta y el tono suave de su voz, me llenó de miedo.
—Te golpeaste la cabeza, cariño. No te muevas, por favor —escuché a Marta, con la voz temblorosa, y cuando trató de acercarse sentí el contacto de algo suave en mi ceja. Algo cálido, húmedo. Fue entonces cuando noté que la sangre estaba corriendo por mi cara.
—Me duele mucho la cabeza... —murmuré, con los ojos apretados, intentando no moverme más. Pero al intentar girar los pies, el dolor se disparó, y un quejido se me escapó antes de poder contenerlo.
—Fina, no te levantes. Quédate tumbada, por favor.
—Me duele el pie... ¿Qué... qué me ha pasado? ¿Por qué estoy sangrando? —pregunté, mientras la sensación de desorientación se mezclaba con el malestar. Intentaba recordar, pero todo era un remolino confuso. Solo tenía claro que, en cuestión de minutos, tal vez de segundos, habia pasado de estar jodidamente cabreada y decepcionada con ella, a no valerme por mí misma y verme allí, dependiendo de ella, tirada en el suelo sin tener idea de lo que me había pasado.
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CRU2SH
Fiksi IlmiahMarta, una mujer de 1958, y Fina, una chica de 2024, se encuentran inesperadamente en el presente debido a un inexplicable viaje en el tiempo. A pesar de venir de épocas tan diferentes, sus caminos se cruzan en un mundo contemporáneo que les resulta...
