El pesado telón del auditorio se cerró, arrebatándole al público aquel escenario con los jóvenes que instantes antes habían estado bailando una canción navideña. Por debajo de mis costillas algo temblaba como gelatina.
—No creí que nada te pusiera nerviosa —Andrea me tomó la mano—. Yo no puedo sentir las piernas.
Figuré una media sonrisa y mi tronco se sacudió de nuevo como cuando te dan escalofríos.
—Muero de nervios —expresé seguido de otra sacudida. Los dientes me comenzaron a castañear—. Entre el público se supone que está uno de los directores de la universidad.
—Lo sé —se sacudió por los mismos escalofríos—. Pero lo haremos bien. No por nada hemos estado practicando tanto tiempo.
Respiré profundo. No podía dejarme dominar por los nervios.
—Algo que hago para dejar de sentir esto —le dije, calmando los temblores—, es pensar en mi yo del futuro, recostada en su cama, que recordará éste momento y dirá: "sobreviví".
—Sobreviviremos —canturreó sonriente—. Pero antes debo ir al baño, entre los nervios y mi vejiga no armo una.
—Pero si salimos en poco.
—Debo ir —se alejó corriendo entre risas y escalofríos.
Tensé mis piernas para impedir que los temblores prosiguieran. Inhalé. Por la noche pensaría en este momento y en los tontos nervios que tenía. Exhalé. Todos aplaudirían después de que tocáramos y los directores nos reconocerían. Inhalé. Mañana recordaría el día de hoy queriendo que se repita. Exhalé.
—Tranquila. Suéltate y disfrútalo —declaró Najim. Observé el grupo del que se había apartado para venir, y después lo miré a él.
Todos vestíamos de igual forma, pareciendo copos de nieve. Nosotras llevábamos vestido, y ellos pantalón y camisa de traje. Quien fuera que mandó a hacer las ropas se encargó de que verdaderamente fuéramos semejantes a copos de nieve; blanco cristalino de base, y en las partes bajas degradados a color azul. Parecía verdaderamente cristal. Me gustaba muchísimo cómo lucíamos.
—Lo sé —le dije—. Es que pienso mucho con respecto a la universidad y los directores, lo que podrían pensar, o lo que podría pasar con lo que les debemos entregar; si es que me gano la beca completa, o cómo sería ser la mejor músico dando conciertos con montonones de gente escuchándome... —me tragué una sonrisa de niña—. ¿Tú no piensas en la beca?
Su anterior sonrisa desapareció.
—En parte. Sí. Bastante —cambió su peso de una pierna a la otra—. No es la única beca que me han ofrecido...
—¿Cómo? —exclamé sorprendida.
—La liga nacional de baloncesto puso el ojo en los cinco mejores de la escuela... pues... Soy uno de los cinco —sacó aire, cansado—. Es fuera del país. Me convertiría en jugador profesional. Realmente me gustaría ir.
Algo en mi interior se inquietó. Parte de mi ánimo sobre ir a la universidad era que estaría con Andrea y Najim. ¿No sería así?
Me costó callar las muchas burbujas en mi cabeza, y me recordé no dejar a los nervios florecer.
—¿Lo hablaste con Jabér? —Apretó los labios casi imperceptiblemente. No se lo había dicho a Jabér—. Creo, debes escoger lo que de verdad quieres hacer. Si te digo que cierres los ojos y te imagines en cinco años, ¿te ves produciendo música, o jugando en una cancha? —Los cerró unos segundos—. No me lo tienes que decir; solo lo tienes que conocer tú, y al final escoger lo mejor junto a Jabér.
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Una Decisión
Fantasi-¿Qué está escrito? -pregunté en voz baja, observando atentamente aquello exótico. -El nombre de mi padre y el mío. Hasta ahí me atreví a tocar mi frente. No sentí diferencia, mis dedos palparon mi piel de siempre. Y las letras siguieron allí. -¿...