Por un segundo, el niño pareció no poder creer lo que escuchaba y el resto de los niños reaccionaron de manera similar.
Pero pronto, la expresión del chico se torció de ira. —Hablas sin saber lo que significa, por eso...
—¿Qué te hace pensar que no lo sé? Quieres decir que quieres entrenar, ¿no? —lo interrumpí.
El chico se quedó en silencio, claramente sorprendido. Era natural. Ese uniforme marcial blanco solo lo usaban los discípulos oficiales del clan Baengri, lo que significaba que el portador había sido reconocido por su habilidad, al menos. En comparación, yo había sufrido una tragedia que todos en el clan conocían. Por supuesto, esto lo desconcertaría.
Sonreí e incliné la cabeza. —¿Qué pasa con esa reacción? ¡Ah! ¿Es porque crees que puedes perder?
—Es que tu propuesta es ridícula! —gritó el chico, y luego dijo para que todos lo oyeran—: ¿Entrenamiento? ¡Como si fuera así! Como si el más mínimo rasguño no fuera a terminar en un alboroto.
Si tuviera medio cerebro, sabría que nada bueno podría salir de pelear contra mí, no cuando él estaba equivocado.
Tal como se esperaba, intentó irse con el resto de sus compañeros. —¡Deja de decir tonterías! ¡Vamos, chicos!
Pero... no es divertido dejar que las cosas terminen así.
¡Chapoteo!
Justo cuando el niño se estaba dando vuelta para irse, le di una patada al barro y salpiqué toda su ropa blanca con agua sucia. Tuve la suerte de que también le saliera un poco en la cara.
—¿Qué crees que estás haciendo?
Sonreí y le mostré mi zapato lleno de barro. —Me ensuciaste el zapato, ¿no? Límpialo.
Ahora veamos si aún puedes escapar.
***
¡Qué aburrido!
Eran días tranquilos. Baengri Jaecheon, el líder del Escuadrón de la Espada Blanca, caminaba lentamente por el campo de entrenamiento, con las manos entrelazadas a la espalda. Su aspecto feroz era perfecto para ocultar su aburrimiento. Pero pronto, esa expresión se distorsionó de forma aún más amenazante.
—¿Qué es todo este alboroto?
Su agudo sentido del qi detectó un ruido sumamente irritante. Una pared era lo único que separaba el campo de entrenamiento del Escuadrón de la Espada Blanca del de los discípulos oficiales, de donde parecía provenir el sonido.
Uno de los miembros del Escuadrón de la Espada Blanca se fue rápidamente a evaluar la situación y luego regresó con una respuesta inesperada: —La joven señorita Baengri está aquí, señor.
—¿Yeon?
Eso por sí solo no era algo inusual. Ya había recibido informes de que ella hacía visitas ocasionales para controlar a los niños que Baengri Euigang había traído con él, pero lo único que hacía era asegurarse de que los niños estuvieran bien y darles algunos bocadillos.
Ella era fundamentalmente diferente de aquellos gemelos, que interrumpían regularnmente las sesiones de entrenamiento haciendo alarde de su condición de descendientes directos de la línea Baengri. Como resultado, él tenía una buena impresión de ella.
Incluso había estado pensando en invitarla algún día al campo de entrenamiento del Escuadrón Espada de la Blanca para mostrarle cómo entrenaban los miembros, pero ahora había resultado que ella era el centro de la conmoción de ese día. Estaba bastante decepcionado.
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Yeon
FantezieMe convertí en la nieta despreciada de una poderosa familia de artes marciales *Esta historia no es mía, yo solo la traduzco.
