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MARIE SIGUIÓ A REGAÑADIENTES A KYLER Y BRUCKS HASTA EL INTERIOR DE LA UNIVERSIDAD, donde allí le mostró las instalaciones. Pasaron por todas partes; Desde las salas más grandes donde daban las clases hasta los cuartos de baño de los tíos, donde Kyler hizo una paradita dejándolos a ellos esperándolo en la puerta. Marie aprovechó esa pausa para mirar con desaprobación a sus amigos.
—No me puedo creer que estemos permitiendo que Kyler nos haga de guía.
—Está de buen rollo.
—Lleva años haciéndonos la vida imposible.
—Anda, anda... No seas rencorosa.
Marie se dio un golpe en la frente con la palma de la mano: Sus amigos tenían el instinto de supervivencia de una oruga.
Después de eso, de alguna forma inexplicable, Kyler los convenció a todos para ir a una fiesta universitaria. Y cuando decimos que los convenció fue que los tres chicos se mostraron eufóricos y Marie los siguió poniendo los ojos en blanco todo el rato.
Dentro de la casa de la fiesta, el aire era denso y vibrante. El salón principal había sido despejado de muebles; Solo quedaban algunos sillones arrinconados y un par de sillas, ahora olvidadas, sin contar unas mesas donde los adolescentes posaban las botellas y vasos de alcohol. En una esquina, un estudiante hacía de DJ, con el portátil conectado a unas bocinas que temblaban sin parar. La gente bailaba sin preocuparse por el espacio ni por el sudor que les pegaba la ropa al cuerpo. Las luces estroboscópicas pintaban rostros en tonos intermitentes: Verde, rojo, azul...
Marianne se abrió paso entre la multitud, molesta, con una mezcla de asombro y repulsión al ver las condiciones en las que estaba el suelo pringoso. Se dirigió a la cocina, donde encontró botellas abiertas, snacks esparcidos y grupos hablando más bajo, casi gritándose al oído. Se sirvió una bebida y alzó la vista justo cuando Hawk le guiñaba un ojo desde el otro lado del pasillo. Sonrió antes de volver a él.
Al llegar a la altura de sus amigos, Hawk la agarró del brazo para apartarlos un momento de Miguel y Demetri.
—Llevas todo el día de morros... ¿Estás bien?
Marie se encogió de hombros.
—No me gusta estar en una fiesta con el tío que insultaba y pateaba a mi novio, la verdad—respondió ella—. La verdad no sé cómo tú puedes...
Hawk sujetó una mano de Marie y ella se relajó un poco.
—No creo que debamos pensar en eso más—opinó él—. Yo también fui un capullo. Con Brucks, por ejemplo. Le partí los dientes, Marianne. Y él...
—Es diferente—lo intentó justificar ella.
—Dices eso porque me quieres, pero es lo mismo—Eli sonrió y Marie tragó saliva—. Pero está bien. Todo el mundo puede intentar cambiar, ¿no? Al menos deberíamos de darle el beneficio de la duda.