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TODAS LAS MIRADAS APUNTABAN A MARIE. Ella, sin saber muy bien cómo proceder, siguió mirando a los ojos a todos sus compañeros hasta que encontró la mirada castaña de Miguel y sintió un poco de vergüenza en su interior.
—Quiero creer que lo que acabo de oír es mentira—dijo Kresse con su tono calmado y tenso al mismo tiempo—. ¿Peleaste contra Cobra Kai, señorita Lake?
—No—interrumpió ella asustada—. No, no. Solo estaba defendiendo a un amigo de una pelea injusta—el tono desesperado en la voz de Marie hizo que ella sintiera algo de pudor. Todos la miraban desaprobadores y cuchicheando entre ellos. En busca de ayuda, chocó su mirada con la de Johnny—. Senséi, usted nos ha enseñado a ser fuertes pero a no buscar la pelea. Solo ha...
—Los cobras no rehuyen una pelea—espetó Bert contra ella.
Marie dio un par de pasos hasta el crío y alzó la barbilla, asustando al niño y haciéndolo retroceder.
—¿Y una cobra se asusta tanto como tú, eh?
—Marie, para...—declaró Miguel un poco incómodo. Era como si no supiera cómo posicionarse.
—Si queréis echarme de Cobra Kai, buscad una excusa mejor—dijo la chica en voz alta en mitad del círculo y mirando a todos sus compañeros junto a sus senséis—. Pero ni se os ocurra decir que no soy una cobra por no querer convertirme en una lunática que pega a sus amigos por una estúpida mala reseña.
Las últimas palabras fueron para Hawk, y el chico apretó los puños muy nervioso. Marie enderezó su espalda y se crujió los nudillos.
—¿Y bien? ¿Qué vais a hacer?
Las miradas que le lanzaban eran un cóctel de duda, desconfianza y hasta cierta hostilidad contenida. Algunos la observaban con ceños fruncidos, entrecerrando los ojos como si intentaran desentrañar si realmente pertenecía allí. Otros cruzaban los brazos con rigidez, esperando a que alguien más tomara la decisión que nadie se atrevía a verbalizar. Marie, consciente de cada mirada, se mantuvo firme, aunque por dentro sus pensamientos corrían frenéticos.
Su atención se centró entonces en Johnny y Kreese, los líderes cuyas decisiones siempre pesaban más que cualquier murmullo en el dojo.
Johnny tenía una expresión inescrutable, pero en sus ojos había algo que Marie no lograba definir del todo: ¿Duda, preocupación o quizás una pizca de empatía? Kreese, en cambio, la miraba con una mezcla de frialdad y cálculo, como si evaluara si Marie representaba una fortaleza o una debilidad para Cobra Kai.
El silencio pesado del dojo se rompió cuando Johnny Lawrence, quien había permanecido observando la tensión en la sala, finalmente dio un paso al frente.
—Escuchadme bien. Sé lo que están pensando vuestros cerebro idiotas. La señorita Lake ha peleado contra algunos de vosotros y eso podría parecer un ataque hacia Cobra Kai, pero déjenme deciros algo: Cobra Kai es para los fuerte... Hay que tener mucha mala leche para pelear, pero hay que ser aún más duro para pelear contra amigos.