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—¿CUÁNTO TIEMPO TENEMOS?
Eli dejó reposar sus labios sobre la mandíbula de Marie mientras que ella le desabotonaba la camisa en tiempo récord jugando con su paciencia.
—Johnny se ha ido por ahí con Carmen para comprar cosas para el bebé. Tenemos tiempo de sobra.
—¿Y Robby?—preguntó Hawk quitándose los zapatos y los calcetines con el corazón acelerado al ver como Marie se quitaba también los suyos en mitad de la casa.
—Seguro que está haciendo lo mismo que nosotros en casa de Tory.
Las manos de Eli se colaron por debajo de su camiseta y Marianne dio un par de pasos en dirección a su habitación con una sonrisa mientras besaba a su chico. Los dos se tropezaron con la pared del pasillo un par de veces antes de entrar por fin en su habitación y cerrarla de golpe cuando Hawk acorraló el cuerpo de Marianne contra la puerta para que no pudiera escaparse.
En mitad de aquellos besos, el ojiazul se separó dolorosamente de encima de los labios de Marie para agarrarle las mejillas preocupado.
—¿Y Miguel? ¿No aparecerá de la nada, no?—Marie le atizó en la frente—. Ay.
—Deja de nombrar a todo mi núcleo familiar y bésame, joder—le espetó ella—. Pareces más concentrado en ellos que en mí.
—Sabes que eso es mentira—Hawk juntó aún más sus cuerpos pegando su pecho completamente al de la castaña mientras ella ocultaba una sonrisa de nervios.
—No te pongas romanticón ahora.
—Muy tarde. No sé follar sin sentimientos—bromeó él.
—Ni yo—le imitó ella.
Los ágiles dedos de Marie se deshicieron de la camisa de Hawk y la dejó caer al suelo mientras los dos se reían.
—Te quiero.
—Yo también te quiero.
Eli se sacó un preservativo del bolsillo de los pantalones antes de quitárselos con esfuerzo mientras Marie se pasaba la camisa por encima de los hombros quedando desnuda en la parte superior de su cuerpo ya que no llevaba sujetador. La mirada de Hawk se deslizó por la figura de su chica mientras que ella se quitaba los pantalones con una lentitud que lo torturó vilmente.
Marie chascó sus dedos para acaparar la atención del ojiazul, que con tan solo poner uno de sus dedos sobre la cadera de la latina ya se veía y sentía altamente estimulado. Bastante estimulado a decir verdad.
—Eh, fiera. Los ojos aquí arriba.
—Perdón.
—Era una broma, Eli. Era una jodida broma—le sonrió Marie antes de besarlo en los labios y trastabillar juntos hasta la cama.