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—ESTO ES SURREALISTA—Marie llevaba las últimas tres horas diciendo eso en bucle, casi sin parar, que era el tiempo exacto que había transcurrido desde que Johnny la había citado a ella y a Devon, Sam y Tory para hacer una fiesta de pijamas.
Los últimos días habían transcurrido con normalidad: Carmen había hecho una fiesta de revelación de género y todos habían celebrado mucho al saber que el bebé iba a ser una niña. Marie había aplaudido y saltado muy emocionada al ver el color rosa empapar toda la camisa y la cara de Daniel, lo cual había sorprendido a todos hasta que la latina se justificó con que quería un miembro femenino más en la casa. Miguel le dijo que contando a su abuela, a su madre, a ella y (ahora) a la bebé eran mayoría, pero eso a Marianne no le importó.
Y, ahora, estaba haciendo la maleta para ir a casa de Devon, donde Johnny había preparado la fiesta de chicas.
—Esto es surrealista—repitió Marie metiendo su pijama en la mochila.
Eli estaba tumbado en su cama boca arriba mirando el techo.
—Bueno. Son los caminos extraños del senséi. Siempre nos han ido bien.
—Casi siempre... Pero se lo concedo. Va a ser divertido ver a Sam y Tory interactuar con colegueo después de todo.
Tory se había estado esforzando mucho por limar las perezas con Sam, y, por consiguiente con Marie, y la latina tenía que reconocer que la rubia era muy de su estilo. A pesar de haber peleado con ella más que con cualquiera en el dojo, Mari estaba empezando a entender los puntos de Tory, que, muy a su pesar, tenía un talento bastante bueno.
—¿Tú tiene algo para hacer hoy?
—Poca cosa. Como mi senséi secuestra a mi novia tendré que buscarme algo que hacer.
Marie rodó los ojos en tono de broma.
—Seguro que sobrevives un par de horas sin mí.
—Hmm, no sé yo...—Eli se arrastró por la cama para estar más cerca de ella, esa sonrisa ladeada asomando—. Igual no.
Antes de que ella pudiera responder, él se incorporó un poco y en dos movimientos ya estaba encima de ella. Sus manos se deslizaron a su cintura, firmes, tirando de ella hacia su pecho. Marie soltó una risa nerviosa al ver como él bajaba sus besos por la clavícula y se detenía un buen rato en el estómago desnudo de ella.
—Eli...
—¿Qué? —dijo él, fingiendo inocencia mientras le lamía el abdomen.
—Estás muy pegajoso hoy.
—¿Y eso es malo?—susurró, justo antes de inclinarse a besarle de nuevo.
El contacto le arrancó un suspiro. La latina se dejó llevar, cerrando los ojos mientras sentía el calor subirle por la piel. Los labios de Hawk se movían lentos, como si supiera exactamente dónde volverla loca. Sus manos la mantenían cerca, sin dejarle espacio para pensar demasiado.