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—LO QUE ACABÁIS DE HACER NO ERA KARATE—expresó Johnny totalmente contenido por la impotencia de ver a su equipo luchar—. Era debilidad. Habéis peleado como corderitos que iban al matadero. Si seguimos así, nos eliminarán esta noche. Algunos de vosotros lo olvidaréis. Pero otros lo llevaréis toda la vida arrastrando.
Los chicos bajaron la cabeza, algunos intercambiando miradas incómodas. Se sentían atrapados entre el miedo a equivocarse y la presión de no decepcionarse a ellos mismo.
Mientras tanto, Marie estaba en un rincón, apoyada contra la pared y de brazos cruzados, observando la escena. Su mente no paraba: "El equipo está roto." Pensaba sin poder evitarlo.Cada uno parecía pelear su propia guerra. No había unidad... y esto no es solo perder un combate, es perderse a ellos mismos.
Hawk y Demetri estaban juntos y tenían el aspecto más lastimero del mundo. Devon parecía enfadada. Sam y Robby, los supuestos mejores capitanes para representarlos, estaban tan caídos de ánimo que no parecían ellos mimos... Y Miguel y Marie, los segundones, parecían ser los únicos aún en pie y con ansias de luchar.
—¿Se puede saber que os pasa?—preguntó Johnny, sacando a Marie de sus pensamientos—. ¿Y vuestra fuerza? ¿Es que no os vais a defender?
Eso hizo reaccionar a la Larusso.
—Usted también tiene su responsabilidad. Si mi padre hubiera estado aquí las cosas habrían sido diferentes.
—Ya. Pues no está. Y no podemos hacer nada.
—¡Seguramente por su culpa!—bramó la ojiazul, haciendo que su voz sonara en eco en aquel vestuario donde estaban teniendo la charlita más incómoda de sus vidas—. Le falta al respeto y trata de demostrar que su método es el mejor cuando es obvio que tenemos que seguir los pasos del Miyagi-Do. No se merece llevar ese gi.
Se quedó en silencio un instante, respirando hondo, viendo cómo Johnny se mantenía inmóvil, pero con los ojos un poco más atentos hacia Sam. Devon intercedió dando un golpe a una taquilla.
—¡Eh! A mi senséi no le hables así.
—Tú senséi ha hecho que te tiren en diez segundos. Yo que tú me sentaría. No nos ayudas. Ni siquiera sé como entraste en el equipo.
Eso hizo agachar la cabeza de la asiática, que se mostro cruelmente avergonzada. Marie decidió apretar los dientes contra su lengua para no arremeter contra Sam, pero se sentó junto a Devon y le dio un apretón en la rodilla mostrándole su apoyo incondicional.
—Bueno, yo, por mi parte, me olvidaré de todo esto cuando me vaya al MIT—dijo Demetri tranquilamente.
—¡Deja de dar la vara con el MIT!—escupió Eli fuera de si—. A algunos sí nos importa el campeonato—dijo señalando a Miguel también—. Podrías colaborar.
—Tíos, relajémonos. Esto no sirve de nada. Centrémonos de una vez—pidió Robby.
Miguel murmuró algo por lo bajo que pillo a todos de sorpresa.