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EL DOLOR DE CABEZA QUE SENTÍA ERA MÁS INTENSO CADA VEZ. Marie se tomó una aspirina y se volvió a tumbar en la cama, donde el dolor parecía remitir levemente si se acurrucaba entre las sábanas. Había tenido un turno de trabajo bastante largo en el restaurante y lo único que la consolaba era la maldita paz de saber que tenía un par de días libres por haberse pegado esa paliza monumental los últimos cuatro días.
Habló por teléfono un rato con Eli, pero al rato de estar ambos en llamada él se despidió (ya que había quedado con Demetri para jugar un rato a un nuevo videojuego) y ella volvió a tumbarse en la cama cansada.
De repente un mensaje la alertó y pulso el ícono para ver el vídeo con algo de cansancio.
Eran más promociones de Terry Silver sobre Cobra Kai (y la promesa de crear la franquicia del dojo), lo cual hizo que Marie se tensará de pies a cabeza. Se puso a reflexionar sin pensarlo y recordó esa época de su vida en la que Johnny acababa de empezar el negocio con ella y Miguel, cuando aún ser un cobra no era sinónimo de capullo, cuando sus clases eran tan pequeñas entre ellos dos y Aisha que tenían tiempo de sobra de perfeccionar sus ataques y... Bueno... Los recuerdos la afloraron.
Antes ser una cobra le había dado un propósito a su vida.
—¡EH, EH! ¡EN LA ESCALERA NO!—se escuchó protestar a Johnny desde fuera de su casa de repente.
Marianne consiguió sacar la cabeza de entre las sábanas y se puso una bata abrigada sobre los hombros para abrir la puerta como si fuera una loca amargada. Aunque estuvieran en verano la realidad es que Marie era muy friolera y tenía el cuerpo tembloroso por haber cogido frío por la noche al recogerse del trabajo.
Nada más abrir la puerta tuvo que apartarse para no recibir una patada de Robby en la cara.
—¿Pero qué...?—al ver que el ojiazul luchaba contra Miguel ella se dio un tortazo en la cara harta de la situación—. ¡Es que no avanzáis, joder! ¡Parad!
—¡Déjalos Marie!—chilló Johnny acercándose a ella y manteniendo una distancia prudencial con los chicos—. Están aquí para liberar todas las tensiones.
—¿En serio? ¿Porque me da que eso no es posible con estos dos cabeza huecas?
Los dos chicos peleaban a muerte con miradas asesinas el uno contra el otro. Marie intentó relajarse y no intervenir como le había pedido el senséi, pero lo cierto es que le estaba costando bastante. Robby quedó acorralado contra la barandilla de seguridad del segundo piso y Marie dio un paso adelante.
—Miguel, para—susurró. Ese sonido tan imperceptible no llegó a oídos del latino, pero de igual forma el chico se detuvo y bajo los puños. No iba a lanzar ni un golpe más.