LAUREN
El trayecto se hizo en silencio, con el sonido de los limpiaparabrisas marcando el ritmo de una llovizna fina. París se veía gris y contenido. Pensé en la noche anterior, en la alegría pequeña, y sentí una punzada injusta en el pecho, como si la vida hubiera cambiado el guion de golpe.
Llegamos al funérarium. La sala de la funeraria estaba llena de murmullos contenidos, pasos lentos. No había música, solo un silencio pesado que calaba en los huesos. Caminé detrás de Bastián hasta el pasillo. Este olía a ese olor peculiar de cera y flores blancas que siempre asocio con despedidas. Gente hablando muy bajo. Bastián saludó con un apretón de manos a algunos conocidos suyos, yo me quedé un paso atrás, tomando la temperatura del lugar. Fue entonces cuando vi a Elaine, a unos metros, con un abrigo oscuro y el cabello recogido sin pulso de peinadora, los dedos entrelazados con fuerza frente a ella. En ese instante dos empleados empujaban el carrito con el ataúd hacia la sala.
Ese crujir contenido de ruedas sobre piedra me atraviesa. Elaine clava la vista en la madera. No se mueve. No hace ni un gesto. Solo esa inmovilidad que a veces es el modo más desnudo de la tristeza. Bastián me toca el hombro y se queda atrás, dándome espacio sin palabras.
Me acerco. Ella me ve. Solo un segundo. Tal vez menos, pero alcanzo a reconocer algo que yo ya conozco: el borde mismo del desborde. Con el rostro firme, pero los ojos rojos delataban que llevaba horas luchando por no derrumbarse. Me detengo frente a ella.
LAUREN: Elaine (mi voz suena muy baja) -Lo siento (Digo)
No hizo falta nada más. Sus hombros cedieron un poco y da un paso corto hacia mí, como pidiendo permiso sin pedirlo. Simplemente se acerca a mí. Abro los brazos. Ella me abraza fuerte, apoya la frente en mi hombro y el primer sollozo le sale contenido, como si tuviera miedo de romper el silencio del lugar. La rodeo por primera vez, jamás habíamos tenido esta cercanía. El roce de su abrigo está frío, sus manos, no. Siento la respiración cortada contra mi clavícula y, por un instante el ataúd, recién colocado. El sonido del golpe seco al ajustarlo en su sitio me heló por dentro; me devolvió, de golpe, a aquel día, la escena se dobla sobre sí misma y me veo en otro pasillo, otra luz, la voz de mi abuela llamando en francés, la madera, el mismo olor a flores blancas. Mi abuelo. Aquella tarde en que también llegaron con el ataúd y yo todavía no sabía a qué aferrarme. El pecho me arde con una memoria que creía ordenada desde aquel dia en que despedí a mi abuelo.
Aprieto más. No como quien cruza una línea, sino como quien sostiene una orilla.
Elaine no llora fuerte. Apenas ese temblor casi imperceptible que sacude de adentro. Yo cierro los ojos y mi mejilla se apoya sobre su sien, porque ese contacto me devolvió de golpe a cuando sostuve a mi abuela mientras lloraba frente al ataúd de mi abuelo. La misma sensación de vacío, de tiempo suspendido.
Solo estoy intentando prestarle un poco de fortaleza. Es solo un abrazo, No más de lo que permitiría en cualquier contexto profesional. Afortunadamente yo tuve a Camila en ese momento difícil, sin ella me hubiera sido fatal, estoy eternamente agradecida con ella, con mi esposa. Escucho, muy lejos, un murmullo de pésames, más cerca, la respiración recobrando un ritmo. El abrazo solo dura unos segundos de más.
Se separa un poco, lo justo para mirarme. Tiene los ojos húmedos y una gratitud silenciosa en la mirada, esa que no necesita palabras. Aun así, habla, apenas un hilo.
ELAINE: Gracias por venir (Dice en un sollozo)
LAUREN: Nada que agradecer (respondo) -Lo que necesites (Digo y ella me observa)
Asintió por un segundo. Volvió la vista al ataúd, ahora ya quieto dentro de la sala. Elaine respiró hondo, ajustó el abrigo, recuperó esa compostura suya que no es máscara, sino estructura. Antes de dar el primer paso, buscó mi mirada una vez más. No dijo nada. No hizo falta. Era agradecimiento, no más.
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NUESTROS PERFECTOS DEFECTOS
Short StoryDicen que en la vida tenemos 3 amores, cada uno es diferente y dejará algún mensaje, El 1° que llega en la adolescencia, el que te enseña a querer, te llena de ilusiones y parece un guión de película. El 2° te enseña el dolor y te aferras a él aún q...
