CAPITULO 123

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LAUREN

El miércoles amanece con esa luz dorada que apenas se filtra entre los edificios, suave, limpia, como si el día todavía estuviera estirándose antes de empezar de verdad.

Respiro hondo mientras empujo la puerta de cristal del gimnasio que queda a cinco minutos de casa. Todavía traigo en la piel el frescor del aire de la mañana y en el pecho esa energía tranquila que solo existe a esta hora, cuando la ciudad aún no ruge.

Son las 7:02 a. m.
Tenemos exactamente una hora.
De siete a ocho.
A las nueve debemos estar cada una en su mundo: ella en la corte, yo en la obra.

La música electrónica suena baja, constante, como un pulso. El lugar huele a metal limpio, a goma nueva, a disciplina. Me gusta. Me centra. Y, si soy honesta... lo necesitaba.

Porque los meses en Francia me pasaron factura.

No levanté ni una sola pesa allá.

Y mi cuerpo lo sabe.

No he perdido fuerza... pero sí definición. Y eso, para alguien como yo, es casi un reto personal.

🕰️

Ahora estoy de pie detrás de Camila, observándola con atención mientras ella está recostada en el banco de pesas. Sus brazos tiemblan ligeramente sosteniendo la barra, su respiración ya no es pareja, y sus mejillas están rojas por el esfuerzo. Una gota de sudor baja desde su sien hasta el nacimiento de su cuello y, por un segundo, me distraigo mirándola.

Dios, qué hermosa se ve esforzándose.

Pero no pienso dejarla rendirse.

LAUREN: Vamos, Camzz, Una más... solo una

La ánimo, firme, con ese tono que uso cuando sé que puede dar más

LAUREN: Tú puedes, empuja

Ella gruñe, mitad queja mitad coraje, y logra subir la barra apenas unos centímetros más antes de soltarla contra los soportes con un golpe metálico.

CAMILA: ¡No! ¡Ya no aguanto, te lo juro! Estoy muy cansada, Lern. Mis músculos me abandonaron hoy,

La barra vibra un poco antes de quedarse quieta. Camila se incorpora lentamente, respirando agitada, y se limpia la frente con el dorso de la mano. Yo sigo de pie detrás de ella, casi intacta, apenas con el pulso un poco acelerado.

Me mira.

Me acusa.

CAMILA: Ya no tengo tanta resistencia desde que regresaste... (dice entrecerrando los ojos, Y yo curvo mis labios con diversión) -¡Por tu culpa perdí toda mi condición! Me tienes demasiado consentida y distraída.

No puedo evitar reír.

Una risa abierta, limpia.

Cruzo los brazos, divertida.

LAUREN: ¡Oh, claro! Ahora resulta que mi presencia es un factor de sabotaje atlético

Me burlo, dándole un toque suave en el hombro.

LAUREN: No me culpes a mí, floja. Te acostumbraste a las siestas largas y a ver series conmigo. Vamos, Arriba, una serie más de sentadillas.

Ella se deja caer dramáticamente de espaldas sobre el banco.

CAMILA: ¡Lauren, ten piedad! Soy una abogada, no una gladiadora. Mis dedos están entrenados para escribir contratos, no para levantar mi propio peso cincuenta veces.

Sonrío.

Me inclino sobre ella, atrapando su rostro entre mis manos tibias por el ejercicio. Su piel está caliente. Su respiración aún acelerada me roza los labios.

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