CAMILA
Ya casi salgo.
Mis tacones hacen un sonido leve al tocar cada escalón de madera mientras bajo. Siento los ojos de Lauren puestos en mí antes de verla. No lo hace de forma obvia, pero sé que me está mirando. Siempre lo hace cuando cree que no me doy cuenta. Con esa mezcla de orgullo y ternura que siempre he amado. Su mirada me atraviesa, me afirma.
Ella está de pie junto a la puerta, su abrigo en una mano, la bufanda en la otra. Lleva un pantalón oscuro, sencillo pero elegante. El cabello suelto, con ese brillo que la luz de la lámpara resalta. Su expresión es tranquila, pero en sus ojos hay algo suave. Como si cada paso que doy hacia ella la acercara más a una zona segura.
CAMILA: Lista (digo con una sonrisa breve, mientras me acomodo el abrigo. Lauren asiente y me tiende la bufanda. La mañana de hoy estuvo nublada, con un gris suave de diciembre, y ahora, de noche, la oscuridad era como si el cielo conspirara para que la luz de la casa brillara con más fuerza)
LAUREN: Nunca he visto a nadie bajando escaleras con tanto estilo (dice, casi en broma)
Yo solo río, sacudo un poco la cabeza. No hace falta que diga más. Me acerco, me ayuda con la bufanda y salimos juntas.
Subimos a la camioneta, veo las cosas que nos toca llevar, muy bien acomodadas en el asiento trasero, al igual que los obsequios, Lauren enciende el motor y en solo segundos ya estamos saliendo de la cochera. La calle está tranquila. El cielo está gris y se siente ese frío suave de Miami en diciembre, que no congela, pero invita a acurrucarse. Con luces navideñas parpadeando en las calles del fraccionamiento, el aroma lejano a pino y a chimenea cruzando los cristales de las ventanas, iniciamos el trayecto hacia la casa de mis padres. Conversamos de todo y nada, mientras la música navideña suena en la radio, suave, como si no quisiera interrumpirnos.
El camino hasta casa de mis padres es corto. Cuando doblamos la calle de esta, me doy cuenta de lo pequeña y perfecta que es: dos pisos, paredes de tono cálido, jardincito al frente con camino de concreto que conduce a la entrada de la casa, un techo pequeño cubierto de teja que se sostiene de dos pilares cilíndricos y con macetas verde musgo alineadas.
Suspiro, la casa de mis padres sigue igual. Con flores que mi madre nunca deja morir. La puerta blanca está decorada con una corona sencilla y un moño rojo.
Bajamos. Lauren me toma de la mano mientras cruzamos el jardín. Nos acercamos al pequeño tejado de la entrada y veo la puerta, alta, frente a nosotras, por la ventana se ven las luces tenues del árbol que parpadean como estrellas pequeñas. Doy dos ligeros golpes.
Sofie abre la puerta. Tiene un suéter de un reno, las mejillas un poco coloradas. Se lanza sobre mí con un abrazo que casi me tira. Luego se voltea hacia Lauren.
SOFIE: ¡Al fin! Pensé que no llegaban para la cena (dice con una sonrisa genuina. Y Lauren le revuelve el cabello como cuando era más pequeña)
CAMILA: ¿Quién te dijo que los dejé de querer? (respondo, animada)
Ella abre mas la puerta. Enseguida se ve la escalera frente a nosotros, estancia a la izquierda, comedor a la derecha, al fondo la cocina con aromas de especias y pan caliente.
Nos adentramos, La casa huele a ponche, a manzana con canela, y el árbol de Navidad está lleno de luces parpadeantes. Al fondo se escucha la voz de mi madre llamándonos desde la cocina.
SINUHE: ¡Camila! ¡Lauren! Entren, las cosas ya casi están listas (dice con ese tono que mezcla orden y bienvenida)
Solo unos segundos y aparece la mujer. Los brazos de mi madre se abren para Lauren y para mí. En el pasado ella había sido más fría, evaluadora, hoy me sorprendo al ver que abraza a Lauren sin dudar, le agradece que haya venido. Lauren sonríe suavemente, algo emocionada, y mi madre le muestra el comedor: el pinito ya encendido, debajo los regalos, adornos de años anteriores que se han acumulado con cariño.
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NUESTROS PERFECTOS DEFECTOS
Short StoryDicen que en la vida tenemos 3 amores, cada uno es diferente y dejará algún mensaje, El 1° que llega en la adolescencia, el que te enseña a querer, te llena de ilusiones y parece un guión de película. El 2° te enseña el dolor y te aferras a él aún q...
