CAPITULO 120

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LAUREN

El silencio de la casa nos recibe como un abrazo necesario después de tantas luces, voces y formalidades. En cuanto cruzamos el umbral, el eco de nuestros zapatos sobre el piso es lo único que rompe la paz de la medianoche.

Suelto un suspiro profundo, de esos que parecen vaciarte los pulmones de todo el cansancio acumulado. Lo primero que hago es desabotonar el saco del traje y quitármelo con un movimiento fluido, lanzándolo con cuidado sobre el brazo del sofá. Siento cómo mis hombros caen un par de centímetros, liberándose de la postura rígida de la cena.

Me aflojo el cuello, desabrocho el primer botón de la camisa, buscando aire.

LAUREN: Al fin (murmuro, girándome hacia Camila, que está cerrando la puerta con llave) -Estuvo entretenida, de verdad, pero Dios... qué cena tan larga, pensé que el discurso del director no se iba a terminar nunca. Sentí que el postre duró tres audiencias completas.

Camila se ríe suavemente mientras se quita los tacones, soltando un suspiro de alivio igual de intenso que el mío. Ella se queda descalza sobre la alfombra y se estira, luciendo todavía increíble con ese vestido carmesí, pero con una expresión mucho más relajada. Continúo:

LAUREN: Lo único que me mantenía cuerda era tenerte alado acariciandome

Termino de soltar los hombros y me apoyo contra la isla de la cocina, mirando el reloj de la pared que marca casi la media noche.

CAMILA: Lo sé, Amor. Reconozco que esa cena fue mucho más larga de lo que tenía previsto (dice con voz suave y una mirada de disculpa) Te debo una muy grande por darte dos días seguidos de leyes (curvo mis labios) -Y por lo de tu papá... (Eso lo dice más suave, y siendo honestas, no habíamos querido tocar el tema, por qué en verdad no nos importa)

Me acerco a ella, la rodeo por la cintura y la atraigo hacia mí, apoyando mi frente contra la suya. El aroma del salón elegante ha desaparecido, dejando solo su perfume y esa calidez que me hace sentir que el mundo está en orden.

LAUREN: De verdad, amo verte brillar. Te presentaron increíble allá, Camz. Pero no te miento, mi parte favorita de la noche es este preciso momento (digo en voz baja, Camila se pone de puntitas para dejarme un beso lento en los labios, rompiendo la tensión que quedaba del ambiente tan recto y sobrio) -Mañana ya es sábado. No hay buffet, no hay grúas, no hay cascos... y definitivamente, no hay comités legales o clases de Maestría (Digo, asiente)

CAMILA: Así que.... (Me ve) -Como soy una mujer de palabra, mañana la agenda es tuya. No hay despertadores, no hay compromisos, solo somos tú, yo, los canes y quizás... (Me mira con una chispa de travesura antes de decir esto último) -Quizás un desayuno tarde en la cama (Arqueo una ceja) -Y te debo lo que tú quieras. Tú pides y la licenciada Cabello concede.

Suelta una carcajada suave, rodeando mejor su cintura y pegándola a mi.

LAUREN: ¿Lo que yo quiera, eh? Ten cuidado con lo que prometes, licenciada, que mi lista de "cobros" por cenas aburridas es bastante larga.

CAMILA: Acepto el riesgo (responde con una sonrisa brillante, escondiendo la cara en mi cuello) -Pero primero... vamos a quitarnos este disfraz de gente importante y vamos a dormir.

LAUREN: Trato hecho (respondo, dándole un beso corto y dulce) -Vamos a dormir, licenciada. El fin de semana aún no acaba y nos está llamando.

CAMILA

Despierto no con una alarma, sino con el olor a café recién hecho y el sonido de un cierre, abro los ojos y veo a Lauren al pie de la cama cerrando una maleta pequeña.

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