CAMILA | FRANCIA
Entramos entre risas suaves, con el eco de nuestros pasos sobre la alfombra impecable de su habitación. Lauren deja la tarjeta del cuarto sobre la mesa de entrada y se gira hacia mí con esa sonrisa que siempre le nace cuando quiere que me sienta como en casa.
LAUREN: Déjame ayudarte (dice, acercándose para desabotonar mi blazer con dedos lentos, atentos)
Me quita la prenda con cuidado, como si el acto de desvestirme fuera algo sagrado. Luego hace lo mismo con el suyo, deslizándolo por sus hombros. Debajo lleva solo una camisa blanca ajustada, con un botón abierto, metida dentro de sus pantalones de vestir. El inicio de sus clavículas, marcadas por la luz suave, me distraen por un momento.
LAUREN: Mírate (dice, bajando la mirada por mi vestido rojo) -Eres un espectáculo.
El vestido me abraza la cintura, marca mis curvas. Siento sus ojos recorrerme sin ninguna prisa, desde la caída de mi cabello hasta las caderas. Me lo puse por ella.
CAMILA: Tú también luces increíbles (susurro, pero ella me interrumpe con una risa suave)
LAUREN: No, no. Esto es tu noche, Camzz (responde) -Desde que abriste esa puerta, te juro que no sé si estoy soñando (Sus palabras me aprietan el pecho. Sé cuánto le ha costado estar lejos, igual que a mí, sus manos alcanzan mi cintura y despacio me pega a ella, sintiendo la hebilla de su cinturón, en un movimiento une sus labios a los míos, en cada beso gana terreno y cada uno se intensifica, haciendo nuestras respiraciones más pesadas, pongo una mano en su pecho y me separo despacio)
CAMILA: Antes de que todo se descontrole (digo con una media sonrisa) -Espera (Me observa, de manera suave retiro sus manos de mis caderas)
Camino hasta mi maleta, La que Lauren recupero en la mañana desde la recepción del hotel y dejé cerca del sofá, busco el pequeño paquete envuelto en papel mate. Lo saqué de casa con cuidado, temiendo que se doblara en la maleta. Se lo entrego con ambas manos.
CAMILA: Feliz San Valentín (Lauren me mira con sorpresa)
LAUREN: ¿Esto es para mí?
Asiento. Ella rompe el papel antiguo despacio, como si cada pliegue contuviera un secreto. Al final, aparece un marco de madera fina, delicado, y dentro, una fotografía que imprimí.
Estamos las dos en la terraza de casa, sonriendo. Yo llevo a Reah, nuestra can, en brazos y ella sostiene a Eclipse, siempre tan quieto. Hay sol, hay felicidad pura.
Lauren no dice nada por un momento. Solo la mira. Después pasa el pulgar por el cristal, como si pudiera tocar ese momento.
LAUREN: Esto... esto es perfecto, Camila. Gracias.
Me acerco y acaricio su mandíbula con ambas manos. Le levanto el rostro y la beso. Despacio. Con todo el cariño que no supe empacar en la maleta.
Cuando me separo, sus ojos brillan.
LAUREN: Esto va a mi escritorio. Mañana mismo.
CAMILA: Te amo (digo)
LAUREN: Y yo a ti.
La noche se vuelve más cálida. No por el clima, sino por el modo en que me sostiene la mirada, por cómo toma mi mano y me lleva hacia la cama con calma. No hay prisa. No hay miedo. Solo la necesidad de reconectar.
Nos sentamos primero. Reímos un poco más. Ella acaricia mi pierna por encima de la tela del vestido. Yo enredo mis dedos en su cabello, todavía algo revuelto por la noche.
Todo se vuelve silencio y respiración. El pulso compartido. El amor contenido en cada roce, en cada gesto.
Y mientras el cielo de París se enciende de estrellas tras la ventana, yo me dejo llevar. Porque estoy donde debo estar. Con ella.
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NUESTROS PERFECTOS DEFECTOS
Historia CortaDicen que en la vida tenemos 3 amores, cada uno es diferente y dejará algún mensaje, El 1° que llega en la adolescencia, el que te enseña a querer, te llena de ilusiones y parece un guión de película. El 2° te enseña el dolor y te aferras a él aún q...
