CAPITULO 110

731 43 8
                                        

CAMILA

París me encanta. Nada mejor que un sábado completo en París. Noche. En el hotel, después de una cena privada con Lauren.

Pero verla reír en la mesa mientras dobla una servilleta y finge que es arte contemporáneo me gusta aún más.

La miro.

Está hermosa. Se dejó el cabello suelto, ya lo tiene un poco más largo desde que comenzó a viajar, con ondas suaves y un poco de encrespamiento por la humedad.

Sus ojos brillan cuando me ve.

CAMILA: No me mires así (le digo bajito, y ella sonríe)

LAUREN: ¿Cómo?

CAMILA: Como si todavía te sorprendiera que estoy aquí (Lauren se recarga en la silla)

LAUREN: No. Me sorprende que me sigas eligiendo.

Sus palabras me atraviesan.

Me inclino hacia ella.

CAMILA: No sigas dudando. Te elijo una y otra vez, incluso cuando no estoy de acuerdo contigo, incluso cuando me haces enojar. ¿Sí?

LAUREN: Sí (responde más bajito, y suelta el aire como si me necesitara oír decirlo)

Esa noche, hacemos el amor lento, sin prisa, sin la urgencia de otras veces.

Me hace sentir adorada, como si mi cuerpo fuera un país al que regresa, aunque ya se sepa el mapa.

Después, con mi cabeza sobre su pecho, le digo:

CAMILA: No quiero irme nunca.

Lauren me besa la frente.

LAUREN: No te vayas. Quédate. Mejor aún, escapemos

CAMILA: ¿Y tu trabajo?

LAUREN: No me importa.

CAMILA: Mentira (sonrío)

LAUREN: Un poco (acepta, riéndose. Pero me aprieta contra ella) -Solo quiero que sepas que esto, tú, es lo que me mantiene cuerda aquí.

Y me quedo dormida sintiéndome amada.

Realmente amada.

DOMINGO

CAMILA

El domingo en París tiene un pulso diferente, más lento, más humano. Todo parece estar cubierto por una luz dorada que rebota entre los balcones de hierro y las ventanas altas. El aire huele a pan recién horneado y a lluvia vieja.

Lauren me había prometido "un domingo sin relojes", y cumplió. Desayunamos tarde, con croissants de almendras, café negro y mermelada de frambuesa que ella untaba en mi pan como si fuera un ritual. Desde la ventana de la habitacion, se veía el Sena serpenteando entre los puentes.

LAUREN: ¿Lista? (Cuestiona, subiendo el cierre de la chaqueta de cuero)

CAMILA: Depende (respondo, levantando una ceja) -¿A dónde me llevas hoy, guía turística?

LAUREN: Es sorpresa (dice, robándome un beso fugaz antes de tomarme la mano)

🕰️

Las calles vibran con los sonidos de la ciudad: un saxofonista en la esquina, el murmullo de turistas, el rugir de una motocicleta alejándose. Caminamos sin rumbo fijo primero, solo dejándonos llevar. Pasamos frente a una floristería y Lauren se detiene a comprar un girasol.

LAUREN: Porque incluso la luz del sol parece detenerse un instante cuando te mira (dice, entregándomelo con una sonrisa que me hace olvidar que estamos rodeadas de gente)

NUESTROS PERFECTOS DEFECTOS Donde viven las historias. Descúbrelo ahora