CAMILA
El cielo tiene ese tono dorado que anuncia que la tarde ya está entrando a su última vuelta. El sol está en ese punto exacto donde ya no quema, pero todavía cae directo.
El estacionamiento del centro comercial está medio lleno, con niños corriendo entre carros, carritos de súper golpeando llantas, y el aire huele a mantequilla del local de palomitas que está justo a la entrada.
Trato de estacionarme en una zona que da sombra parcial, porque Miami en marzo todavía no perdona el calor. Aparco la Jeep cuando Thamara ya está bajando por el otro lado, con Leo dormido sobre su hombro, él está a pleno peso muerto; su rizito rebelde aplastado contra el cuello de su mamá y con la boca entreabierta.
THAMARA: Gracias Dios... se durmió (susurra) -Si no, se me avienta corriendo a la juguetería (Sonrío mientras apago el motor)
CAMILA: Aprovecha, que cuando despierte viene la guerra.
Bajamos. Yo cierro la puerta y acomodo mi bolso al hombro y estiro un poco mi blusa porque el calor está pegajoso.
Thamara del otro lado ya rodea la camioneta para juntarse conmigo, pero de pronto... se congela.
Literal, se queda petrificada.
Se le baja la expresión.
Sus ojos se agrandan como si hubiera visto una entidad sobrenatural en pleno estacionamiento de Target.
THAMARA: Camila...
CAMILA: ¿Qué? (Cuestiono al verla firme)
THAMARA: No. Te. Muevas. (Dice y me quedo inmóvil, obedeciendo más por susto que por lógica)
CAMILA: ¿Qué estás viendo? (Cuestiono. No responde. Sólo sigue mirando hacia la entrada del centro comercial)
THAMARA: ¡Mierda... me vio! (Dice con horror absoluto) -Ya viene (Siento mi estómago hundirse)
Entonces yo también miro.
Y lo veo.
Michael Jauregui.
Mi suegro.
Trago saliva en cuanto veo su cara, ya sé que eso no anuncia nada bueno.
El hombre que camina como si fuese accionista mayoritario del universo. Trae camisa azul clara, esos lentes caros que usa aunque esté nublado, y el gesto permanente de "todos me deben obediencia o me ofendo".
Y no viene solo.
Viene con Daniel.
El hermano menor de Lauren, de ojos grandes, azules, sonrisa enorme.
Sostiene un balón rojo como si fuera oro macizo.
Y justo en este instante en que él me reconoce...
DANIEL: ¡CAMILA!
El niño pega un grito y corre hacia mí, saltando entre los espacios de los carros.
Respiro hondo.
Siento ese vacío en el estómago que sólo aparece cuando sé que estoy por toparme con energía que no me gusta.
Daniel llega primero y se me lanza encima, abrazándome las piernas. Y mi corazón... Bueno, qué hago. Si es un niño. Y yo a Daniel lo quiero mucho.
DANIEL: ¡Ya tenía mucho tiempo sin verte!, ¡Mira mi pelota! (Me agacho a su altura y lo abrazo fuerte)
CAMILA: ¡Está increíble, Dani! ¿Es nueva? (Cuestiono, animada por él y asiente todo emocionado)
DANIEL: ¡Sí! ¡Mi papá me la compró! ¡Mírala! ¡Es roja! (me la enseña como si fuera un trofeo)
Le sigo la emoción porque bueno... es inocente a todo lo que nos rodea, y este niño en particular me tiene un cariño que siempre me derrite.
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NUESTROS PERFECTOS DEFECTOS
Historia CortaDicen que en la vida tenemos 3 amores, cada uno es diferente y dejará algún mensaje, El 1° que llega en la adolescencia, el que te enseña a querer, te llena de ilusiones y parece un guión de película. El 2° te enseña el dolor y te aferras a él aún q...
