CAPITULO 111

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CAMILA

Última noche antes del viaje.

La habitación está en penumbra.
Solo la lámpara del buró deja una luz ámbar, lo bastante tenue para no molestar, lo bastante cálida para no dejar que la noche se sienta tan vacía.

La maleta ya estaba hecha, apoyada junto a la puerta. Silenciosa. Amenazante.

La miro de reojo mientras termino de cepillarme el cabello en el espejo del dormitorio.

No quiero hablar del viaje. No esta noche. No cuando mi cuerpo arde solo de pensar en que ella se quedara aquí, lejos de mi durante un mes mas.

Lauren sale del baño con una toalla en la cintura, el cabello húmedo, la piel brillante aún por el vapor caliente. Sus ojos se encuentran con los míos, y el reflejo de estos cambia. El ambiente entre nosotras cambia en un segundo.

Dejo el cepillo sobre su escritorio y me levanto lentamente, descalza, con una camiseta que me quedaba grande, una de ella. Mis pezones marcan la tela delgada, y Lauren traga saliva sin disimulo.

CAMILA: Ven (Digo, con la voz más baja de lo normal)

Ella no lo piensa. Se acerca, la rodeo por la cintura.

CAMILA: Sé lo que estas pensando desde la tarde (digo, ella suspira)

LAUREN: Me es imposible no hacerlo (responde bajo, casi en un susurro)

CAMILA: Amor (la llamo, sus ojos me ven, claros, verdes, suaves, durante estos días sus ojeras desaparecieron, acaricio su pecho desnudo) -Quiero estar contigo (le hago saber en tono intimo)

LAUREN: Justo eso planeé antes de salir de la ducha (confiesa para después alzarme de un solo movimiento, haciéndome gemir con sorpresa y placer. Me sienta sobre su escritorio y me besa con furia contenida, con la lengua, con los labios, con todo el cuerpo que ya me pedía a gritos)

Mis manos bajan por su pecho, recorriéndola hasta el abdomen, siento la suave pero firme piel bajo las palmas de mis manos, llego al nudo en su toalla, lo quito, esta cae, como si de desenvolver un caramelo se tratara, el sonido apenas audible de la toalla al caer al suelo despierta en mi las ganas y es una luz verde de su desnudez, mis manos bajan a su entrepierna, donde con ambas acuno su miembro, pesado, caliente, latente, me fascina la energía con la que se alza, como no puedo cubrirlo del todo con ambas manos y no es para nada feo, es un hermoso pene, carnoso, suave, y de un lindo color. Lo acaricio de arriba abajo, ella deja de besarme para tirar su cabeza hacia atrás, lo cual significa que le gusta lo que hago, muevo mi mano, empuñando y tirando de su carne, ella regresa el rostro para hundirlo en el hueco de mi hombro.

LAUREN: No me toques así (susurra contra mi cuello) -No esta noche... si lo haces así, no voy a poder dejarte ir mañana.

CAMILA: Entonces no me dejes ir (jadeo, mientras siento como desliza sus manos por mi espalda, bajando la pijama sin paciencia)

Lauren gruñe bajo al sentir mis cachetes libres por usar tanga. La urgencia le explota en las venas. Me aparta las manos de su cuerpo y arranca mi camiseta con un tirón y se queda mirándome por un segundo, jadeando, con los ojos llenos de deseo y algo más... como si quisiera tatuarse mi imagen en la memoria.

Sus labios rápidamente me atacan, besa el valle de mis pechos, el estómago, y va bajando sin freno, mientras yo me abro para ella, sin miedo, sin pudor, me quita los pantalones de pijama. Se arrodilla frente a mí, poniendo mis piernas sobre sus hombros, hace mi tanga a un lado. La siento. Su boca, su lengua, su desesperación, me hacen temblar, arquearme, llamarla por su nombre una y otra vez como si fuera un rezo.

Se deleita de mí. Me prueba con ganas, con hambre. De pronto me toma en brazos sin romper el contacto visual, llevándome a la cama, caemos juntas, pero ella con esa habilidad comienza a recorrerme como si fuera la última vez.

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