CAPITULO 98

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CAMILA

El tono de voz del magistrado resuena en el altavoz del teléfono mientras avanzo por la casa buscando las llaves de la camioneta.

CAMILA: Entiendo perfectamente, señor (respondo con calma, modulando mi voz, esa voz que aprendí a usar para que nadie dude de mi seguridad ni de mi firmeza)

Con una mano sostengo el celular, con la otra muevo un par de carpetas que dejé sobre la mesa anoche. Nada. Decido ir al despacho, con el celular apoyado entre mi mejilla y mi hombro vibra con la voz grave del magistrado, abro la puerta, mientras mis dedos tantean a ciegas sobre el escritorio buscando las llaves de la camioneta, veo una carpeta, leo brevemente y hago una nota mental sobre este folio en el buzón tributario. Una sonrisa se me escapa al escuchar su pregunta, directa y cargada de intención política.

CAMILA: Con todo respeto, Magistrado (digo mientras cierro la carpeta con la otra mano y la sostengo contra mi pecho) -Si usted permite esa interpretación en el fallo, abre un precedente que cualquiera con astucia sabrá explotar. Y créame, no todos tendrán su visión de equilibrio (Lo escucho hablar. Suspiro bajito, medio sonrío para mí misma y me agacho para revisar sobre la consola de la entrada, Yo lo dejo hablar unos segundos, escuchando. Y ahí intervengo, clara, precisa) -El problema es que ese recurso se va a considerar improcedente si no ajustamos la estrategia (continúo, mientras mis dedos rozan al fin el frío metálico de las llaves. Las sujeto con firmeza, las hago girar entre mis nudillos como si fueran extensión de mi propio discurso)

-¿Entonces cuál propone, licenciada? (pregunta él, con un dejo de desafío, casi como probando mis límites, Me río por lo bajo, no de burla sino de convicción. Abro la puerta del despacho, avanzo hacia la estancia, veo a Reah recostada en el sofá, con un chasquido de dedos hago que me vea y después alejando un poco el móvil de mi le digo un "Bájate", con mirada desaprobatoria, Esta enseguida lo hace, puedo malcriarlos yo, pero a Lauren no le gusta del todo que trepen a la cama o a los sofás)

CAMILA: No es lo que yo proponga, señor (Retomo la conversación) -Sino lo que protege la dignidad del derecho. El artículo en cuestión no es un ornamento, es la columna. Y si lo torcemos, créame, no habrá arquitectura que aguante (Lo dejo pensando en silencio unos segundos. Es un truco viejo: la pausa es tan poderosa como la palabra) -Pero solo para clarificar (Digo) -Le propongo esto, presentamos el alegato con el enfoque en la jurisprudencia más reciente. Nos coloca en una posición fuerte y, lo más importante, demuestra que no estamos improvisando. Créame, los detalles son los que inclinan la balanza en esta corte (Hay un silencio breve del otro lado. Cierro los ojos y sonrío satisfecha: lo convencí. Mis argumentos siempre lo hacen, porque mi seguridad no admite dudas. Cierro la puerta de la casa y avanzo hacia la camioneta)

-Licenciada, siempre logra que uno se quede sin réplica inmediata (admite, casi divertido, es un hombre mayor y de respeto, que bien podría ser mi abuelo)

CAMILA: Eso es porque usted ya sabe la respuesta, Magistrado. Yo solo me encargo de recordársela (Mientras tanto, ya estoy subiendo a la camioneta, detrás del volante, ajustando el espejo retrovisor, girando la llave en el encendido)

-Perfecto, Licenciada Jauregui, Queda en sus manos (Dice tranquilo)

CAMILA: Como siempre (respondo con un dejo amable, casi cálido, porque sé que detrás de la dureza jurídica también funciona la cortesía, el ríe de manera animada)

Se despide con un tono respetuoso, casi cordial. Finalizo la llamada con un "que tenga buen día" y conecto el bluetooth a la música suave que llena la camioneta. Ahora sí, al fin puedo respirar distinto. Lauren ya casi llega y no pienso dejarla esperar.

Muevo la palanca de la camioneta y la pongo en reversa, Piso el acelerador. Saliendo de la cochera, muevo el volante y una vez en la calle, hago de nuevo los cambios, Sonrío, con la vista fija en el camino, Piso el acelerador de nuevo, pero esta vez conduzco rumbo al aeropuerto, con una mezcla de expectativa y ternura latiendo en el pecho. Puedo ser abogada, puedo ser directora de un bufete, puedo ser temida en una sala de audiencias, pero cuando se trata de ella, mi corazón siempre se desarma.

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